CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA HOMILÍA PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA. CICLO C. Dt 26,4-10; Sal 90; Rm 10,8-13; Lc 4,1-13 Con el tiempo de cuaresma el mundo cristiano ha empezado su travesía por el desierto de su propia vida en pos del encuentro con el misterio salvífico […]
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lunes, noviembre 23, 2020

HOMILÍA PARA EL 14 DE FEBRERO DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA. CICLO C.
Dt 26,4-10; Sal 90; Rm 10,8-13; Lc 4,1-13

Con el tiempo de cuaresma el mundo cristiano ha empezado su travesía por el desierto de su propia vida en pos del encuentro con el misterio salvífico de Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección; este recorrido implica a la manera de la parábola del Padre misericordioso (el hijo pródigo: Lc 15,1-3.11-32), un VOLVER  a las manos de Dios, porque nos habíamos alejado de su presencia, un VOLVER  a su encuentro porque habíamos confiado en nuestras propias fuerzas y un VOLVER a su casa porque nos habíamos perdido en parajes extraños, en donde la característica especial era la ausencia del Señor.

Para cumplir con este propósito tenemos cuarenta días y vamos a pedirle al Señor que nos de la fuerza que necesitamos para lograrlo,  ayudados claro está en esta ocasión por el evangelio de San Lucas quien nos propone contar a la manera de Jesús en el desierto con la asistencia del Espíritu Santo y con la Palabra de Dios; el Espíritu Santo para doblegar al mal y la Palabra para ser perseverantes en la lucha contra nuestra propias desesperanzas y debilidades.

De acuerdo con lo anterior es importante entender que Jesús salió triunfante de tal batalla por la fuerza del Espíritu que aparece como protagonista al inicio y al final del texto: “En aquél tiempo Jesús lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo llevó al desierto durante…”, y también por la fuerza de la Palabra de Dios que lo hizo valeroso en su enfrentamiento con el mal.  El evangelio de San Lucas es llamado el evangelio del Espíritu, pues de todo el cuerpo del N.T., sólo en los escritos Lucanos encontramos 35 alusiones mientras que en las demás obras las menciones son 5.

Este dato sería irrelevante si cada uno de nosotros “creyentes”, confiando más en nuestras propias fuerzas que en la acción misericordiosa de Dios, nos enfrentáramos al mal, sería poco importante si por nuestro orgullo prescindiéramos de Dios en nuestra vida cotidiana y sería de poca valía si considerándonos todopoderosos creyéramos ya vencido el mal que nos acecha; estas consideraciones son vacías de contenido y de sentido porque bien sabemos que con la asistencia del Espíritu Santo que es vida, doblegamos las huestes del mal y sabemos también que cuando le cerramos las puertas a su acción salvífica, el demonio nos vence una y otra vez.

Ahora bien, ahondando en el texto bíblico de hoy, es importante afirmar que la escena de las tentaciones pone de manifiesto la presencia de la humanidad de Jesús en el desierto del mundo, de nuestra existencia, de nuestra misión y de nuestra propia vida; aparece Jesús en el desierto como el nuevo Moisés, el último guiando al pueblo durante cuarenta años por el desierto y el primero descubriendo su identidad mesiánica durante cuarenta días y cuarenta noches, el uno siendo faro de luz para un pueblo fatigado, cansado y rebelde por el peso del camino, el otro afianzando su condición como Mesías en medio de las tentaciones; Moisés alentando al pueblo hacia la tierra de la libertad y Jesús subyugando a los poderes hostiles del demonio en medio de un lugar desolado, habitado sólo por fieras salvajes, como representación del dominio del mal; Moisés venciendo la dura cerviz de un pueblo esclavo, acostumbrado a las cadenas y saciado su estómago hasta la hartura y Jesús saliendo victorioso del combate entablado con las fuerzas del enemigo.

Por otro lado y enfatizando en el tema de las tentaciones, creemos que se puede entender de una manera distinta desde el evangelio según San Juan en los siguientes apartados: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que da vida eterna y permanece”. (Jn 6, 27) (Tentación 1); “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo”. (Jn 6,15) (Tentación 2); “Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos: y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo”. (Jn 7,1-4) (Tentación 3).

La idea anterior la dejamos para la reflexión personal y siendo valioso lo planteado, queremos ahora proponer una serie de tentaciones que nos ofrece el contexto del mundo actual y que deben ser dignas de nuestra consideración a saber:

La tentación de ser más que los demás, la competencia desmedida en detrimento de los demás, la tentación de pensar que los otros son culpables, librando en muchos casos nuestra responsabilidad; tratar a los demás como si fueran cosas según el paradigma de una sociedad instrumental, valorar a las personas exclusivamente por su eficiencia; la tentación de generar división en nuestros ambientes sin el menor cuestionamiento acerca de nuestros actos; creernos perfectos ocultando nuestros errores; la tentación de convertirnos en jueces implacables como si fuéramos “dioses”, la tentación de tener demasiado perdiendo de vista el sufrimiento ajeno; la indiferencia frente al dolor de los demás; la tentación de la intolerancia consuetudinaria con las personas y con las cosas; la poca sensibilidad frente al cuidado de nuestro planeta; la tentación de no dejar huella en el corazón del mundo, la tentación de hacer las cosas como siempre se han hecho, matando la creatividad y el capital que tenemos en nuestro pensamiento; la tentación de abusar del poder que nos ha sido otorgado, la tentación de sentirnos victimas a cada instante desconociendo que en algún momento hemos sido victimarios; la tentación de acomodarnos a una fe ritual y llena de sentimentalismos, obviando las obras de misericordia y así entre otras tantas tentaciones anotemos que la mayor tentación a la cual estamos abocados es a negar la existencia del mal y a creer que nuestra fe es tan grande para mover montañas sin que esto concuerde con la realidad.

Hermanos y hermanos motivados por las anteriores líneas, supliquémosle a María nuestra Madre del Cielo que nos lleve de la mano en este tiempo de cuaresma y que suscite en nosotros un verdadero deseo de cambio y transformación en nuestra mente y en nuestro corazón.

P. Ernesto León D. o.cc.ss