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domingo, abril 22, 2018

EL PAN NUESTRO DEL 16 DE ABRIL (Jn 6,22-29)

 EL PAN NUESTRO DEL 16 DE ABRIL

Al comenzar esta semana y habiéndonos saciado el domingo en la Eucaristía con el pan vivo bajado del cielo, a la pregunta que le hace la gente a Jesús en Cafarnaúm: “¿Qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?, él respondió: “La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado”.

Hermanos y hermanas, no basta con saber que Jesús sació a la multitud con cinco panes y dos peces para decir que tenemos fe; no basta con la vivencia de practicas rituales para afirmar que creemos en el Señor, no es suficiente decir que leemos diariamente las sagradas escrituras para luego asentir que creemos en el Señor; lo anterior es importante, pero más importante es entender que CREER en el enviado de Dios, es aceptarlo en nuestros corazones como nuestro dueño y Señor; creer en él, significa adherir nuestra vida a la suya, significa esperar en él en medio de toda desesperanza y desilusión, es aferrarnos a él en todo tiempo y en toda circunstancia, es decir siempre.

Jesús en este evangelio denuncia a aquellos que lo siguen únicamente por los milagros, por los prodigios que hacía y por los signos espectaculares, esto sería propio de una fe inmadura; por el contrario, seguir a Jesús simplemente porque nos hemos enamorado de él, es un signo claro de lo que significa una fe no vacilante.

Que al comienzo de esta semana, la Virgen María nos ayude a creer más en su Hijo Jesucristo. Ob amorem Dei.

EL PAN NUESTRO DEL 16 DE ABRIL

Santa Sede

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 16 DE ABRIL