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jueves, septiembre 20, 2018

EL PAN NUESTRO DEL 13 DE MARZO (Jn 5,1-3. 5-16)

EL PAN NUESTRO DEL 13 DE MARZO (Jn 5,1-3. 5-16)

Jesús en el contexto geográfico del templo de Jerusalén, observa con dolor el drama de muchos enfermos, arrastrados por la exclusión de los poderosos de su tiempo y también por la enfermedad; y frente a esta realidad tan dolorosa, Jesús se compadece de todos y fijando su mirada en el más enfermo, le preguntó con dulzura. ¿quieres quedar sano? y después de recibir una respuesta poco certera, Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar", y al instante ese hombre quedó sanado.

Este hecho portentoso causó rabia en algunos judíos, en primer lugar porque perdían poder y en segundo lugar porque la curación fue en sábado, y por esta, razón querían deshacerse de Jesús a como diera lugar.

En medio de este contexto tan conflictivo, Jesús nunca se dio por vencido, nunca se doblegó ante las dificultades y ante las críticas, porque sabía que su Padre Dios estaba con él, convicción que debe estar presente también en nuestra mente y en nuestro corazón para ser capaces de seguir adelante no obstante los tropiezos que la vida nos ofrezca.

El paralítico del evangelio de hoy se había dado por vencido y vivía sumergido en su propia miseria, en su propia derrota y Jesús lo levantó; hermanos y hermanas permitamos que el Señor con su fuerza nos incorpore de nuestras postraciones y con la intercesión de nuestra Madre la Virgen María, venzamos los embates que el mundo nos depare.

"Ob amorem Dei"

 

EL PAN NUESTRO DEL 13 DE MARZO

Santa Sede

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 13 DE MARZO