Domingo, diciembre 04, 2016

SERMÓN DEL DESCENDIMIENTO

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA “JULIO MARÍA MATOVELLE”.
SERMÓN DEL DESCENDIMIENTO
2013

Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?. Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. (1Cor 1,18-25).

Nos hemos reunido en esta noche para ser testigos de aquello que sostiene San Pablo en su primera carta a los Corintios a saber: “La cruz de Cristo es poder de Dios, piedra de tropiezo para los judíos, locura para los gentiles, para los griegos una insensatez y para nosotros sabiduría de Dios”, nos hemos congregado para contemplar a Cristo en el calvario, crucificado y muerto; y aun sin vida nos convoca porque Dios vive en el corazón de cada uno de nosotros, en el seno de nuestras familias y en medio de las estructuras del mal.
Nos ha convocado el poder de Dios manifestado en su Hijo crucificado, nos reúne la fuerza de Dios revelada en el madero de la cruz, nos congrega la sabiduría de Dios concretada en su Hijo muerto, y en medio de este drama de dolor, la luz de la vida no se eclipsa, la esperanza en Cristo no nos defrauda y su presencia misteriosa hace eco en nuestra vida, diciéndonos: “El que cree en mi aunque haya muerto no morirá para siempre”, gran misterio es este, pues de la cruz del salvador emerge la vida del mundo, del cuerpo ensangrentado de Jesús nace la nueva creación, de su oblación en cruz se inaugura la resurrección de un mundo que está intentando retornar a Cristo como la fuente y el culmen de su existencia.
Los santos varones en este momento despojando al Señor de la corona de espinas, liberan al Señor de la tortura en su cabeza, de las espinas que punzaban sus sienes, del suplicio al que fue sometido por el querer de quienes lo despreciaron por llamarse Hijo de Dios;  hermanos y hermanas, Cristo no llevó en su cabeza una corona de oro sino una corona de espinas y convertido no en un rey poderoso sino en uno de nosotros nos enseñó a amar, a perdonar, a servir  y a dar la vida por los otros, por eso en esta noche queremos coronarte Señor con la corona de nuestras buenas obras, de nuestro respeto por los demás, queremos coronarte con la corona de nuestro amor incondicional por ti.
Con amor y disposición en su alma los santos varones bajan la mano derecha del Señor con la que tantas veces nuestro Divino salvador bendijo a la multitud, con la que tantas veces levantó a los que se encontraban en el piso, esta mano del Señor es la mano de los padres de familia que con amor y con ternura bendicen a sus hijos; es la mano con la que absolvió a la pecadora arrepentida, la mano de la gracia y de la vida, la mano del campesino que empuña el arado en nuestra tierra colombiana, la mano del artesano que con su trabajo teje la paz de este mundo cada día que pasa, la mano del joven que sostiene el cuerpo cansado del anciano, la mano de las madres cabeza de familia quienes con su fuerza y su tesón surcan el porvenir de sus hijos; la mano del escritor que con su pluma expresa himnos de alabanza al Señor, odas de esperanza para sus lectores, poemas de vida para quienes la han despreciado.
Ahora con el corazón compungido bajamos la mano izquierda del Señor, aquella mano levantada que apaciguó el mar e hizo callar al viento, bajamos la mano  con la que un día empuñó el pan y también el cáliz, ofreciéndose a sí mismo por la salvación del mundo entero; posiblemente ésta sea la mano de los profesores que marcan un sendero de luz para sus estudiantes, la mano de los constructores que edifican el progreso de pueblos olvidados, la mano de los artistas que plasman en los pergaminos del corazón humano las más lindas obras representadas en el respeto por los demás, en la compasión con los que sufren, en la estima por todas las personas independientemente de su condición, en la ternura para con aquél que vive cobijado por el mar de la soledad, y manifestadas también en la misericordia y en el perdón para quienes han pecado. Bendita mano que nos acoge a la manera de las manos del padre misericordioso con su hijo muerto y resucitado, perdido y encontrado.
Bajamos ahora los pies del Señor con los que bendijo la tierra de palestina y con los que sigue bendiciendo cada rincón del mundo entero y cada retazo de nuestro pueblo colombiano, benditos pies los de Jesús convertidos en pies para quienes no los tienen a causa de la guerra, benditos pies que todos los días dejando una huella, nos permiten caminar por senderos de luz y de reconciliación, benditos pies los del Señor que hacen nuevos los caminos, que hacen florecer la vida en medio de las sombras de la muerte, que perfuman a su paso los terrenos bélicos en donde la muerte ha dejado su aroma nauseabundo, benditos pies los del Señor que nos abren camino en medio de las sin salidas de nuestra existencia, benditos pies que caminaron sobre las aguas y que ahora lo hacen sobre las aguas de nuestros temores y fatigas, benditos pies que ahora son para nosotros los encargados de abrir brecha en medio de los montes espesos de nuestra poca fe.
Bajando ahora el cuerpo del Señor, descendemos con él al sepulcro, al lugar de los muertos en donde esperamos resucitar con él, este es el momento de la tristeza, aquí se nos desgarra el corazón, aquí nuestro cuerpo tiembla porque nos enfrentamos a la muerte, en este momento el cuerpo ya sin vida del salvador genera en nosotros vacío, desesperanza y miedo y en el contexto de estos sentimientos, el Señor nos dice “Que su corazón no tiemble y que su pies no vacilen”; hermanos y hermanas en el silencio de esta noche santa, te suplicamos que muriendo a todo aquello que nos hace daño y que a la vez daña a las personas que queremos, resucitemos contigo porque tu Señor eres nuestra fuerza nuestra roca y salvación.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior Viceprovincial de Oblatos