Miércoles, diciembre 07, 2016

REFLUJO EN LA TERCERA EDAD

REFLUJO EN LA TERCERA EDAD

Lo más típico es un fuego que sube por el esófago, pero en los mayores puede presentarse con dolor en el pecho o en el estómago. Mejorar hábitos de alimentación ayuda a apagar el incendio.

Los síntomas son tan claros que los doctores necesitan mayores exámenes para hacer el diagnóstico. Una sensación de ardor que sube por el esófago, cual volcán en erupción, y la devolución hasta la boca de ácido y materia gástrica, dejando un sabor amargo aunque sin provocar vómitos, son las dos características más típicas del reflujo en la adultez. Pero para las personas de la tercera edad este problema se puede presentar con una sintomatología anexa.

Muchas veces se muestra como un dolor retroesternal, lo que se confunde con un dolor al corazón. Esto asusta mucho, porque es una sensación opresiva y que provoca angustia, explica la doctora Adela Herrera, jefa del Servicio de Geriatría del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.

El tema no es menor para la geriatra, porque estos síntomas dispares confunden al paciente, que cree sufrir de otro mal, e impiden que el verdadero problema, el reflujo, sea tratado de manera adecuada o pronta en el tiempo.

Y aunque es poco frecuente que se presente sólo con esas características anexas, también es importante saber que otras manifestaciones atípicas de este mal en la tercera edad son el dolor abdominal vago en la boca del estómago o los síntomas respiratorios, como, por ejemplo, despertarse tosiendo y con sensación de ahogo.“Esto es por microaspiraciones del contenido gástrico que pasan al sistema broncopulmonar, por lo tanto, lo mantienen irritado y funciona como si fuera asma”, explica la doctora.

Por último, a veces se presenta sólo como un decaimiento general del estado de salud del anciano, una baja de peso o la disminución del apetito. Y aunque no se tienen cifras, los doctores coinciden en que el reflujo es común, en parte por los propios cambios fisiológicos del tubo digestivo, pero también por malos hábitos, como comer tarde y acostarse inmediatamente, preparar alimentos muy aliñados o grasosos y tomar mucho café o bebidas gaseosas.

Heridas y ulceras

El daño que puede producir el reflujo no es menor. “Éste se define como el paso de contenido gástrico desde el estómago hacia el esófago. El problema de esa devolución es que habitualmente contiene mucho ácido. El estómago está preparado para resistirlo, pero la mucosa del esófago no. Es ahí, entonces, donde puede causar dolor y heridas, generando una esofagitis”, explica el gastroenterólogo de la Universidad Católica, Pablo Cortés.

Pero las consecuencias pueden ser más graves, como la aparición de una úlcera, haciendo más difícil la deglución; o transformando la mucosa del tercio final del esófago en un tejido más resistente, “que se parece más a la mucosa intestinal. Estos cambios en el tejido pueden producir tumores cancerosos”, precisa el doctor Cortes. Por eso es importante detectar cuanto antes el reflujo para evitar complicaciones futuras. Más aún, agrega el especialista, cuando la aparición de esta dolencia recién ocurre en la tercera edad, porque lo común es que sea crónico y aparezca cuando se es más joven.

“Es una patología frecuente en el adulto mayor, pero es importante hacer una evaluación si partió después de los 50 años, porque aumentan los riesgos de cáncer gástrico u otro tipo de patología intestinal”, explica el doctor Cortés.

Los actuales tratamientos, “no actúan sobre la causa del reflujo, que es el relajamiento transitorio del esfínter esofágico interior, sino que sobre lo que provoca el daño, es el ácido”, explica el gastroenterólogo. Para esto existen medicamentos-con una tasa de mejoramiento del problema a dos meses de un 100%- y medidas no farmacológicas. Posición horizontal

La doctora Herrera aconseja, por ejemplo, que quienes sufren de reflujo coman cinco veces en el día, pero en cantidades pequeñas, ya que la digestión en los adultos mayores es más lenta.

“Comer al menos dos o tres horas antes de acostarse, porque la posición horizontal facilita el reflujo. Por lo mismo, subir la cabecera de la cama unos 15 a 25 centímetros, pero no apilando almohadas sino que hacerlo desde las patas. También disminuir el café, las grasas, el chocolate, las bebidas alcohólicas y las gaseosas”, enumera la doctora.

Se recomienda el uso de antiácidos y dejar la cirugía como última opción, porque en personas mayores ésta puede ser riesgosa. En todo caso, vivir como vulcano no es necesario.