Domingo, diciembre 11, 2016

HOMILÍA PARA EL 14 DE AGOSTO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA “JULIO MARÍA MATOVELLE”
HOMILIA PARA EL XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.
Is 56,1.6-7; Sal 66; Rm 11,13-15.29-32; Mt 15,21-28.

El Evangelio de este Domingo XX del tiempo ordinario nos trae el relato de la “curación de la hija de una cananea”; este texto se encuentra precedido de tres relatos importantes a saber: las curaciones en el país de Genesaret, la discusión sobre las tradiciones farisaicas y la doctrina sobre lo puro y lo impuro; y por otro lado los textos posteriores resultan significativos para contextualizar el relato que nos ocupa y son: numerosas curaciones junto al lago, los fariseos y saduceos piden un signo del cielo y la levadura de los fariseos y saduceos.

Como se puede evidenciar, nuestro texto se encuentra ubicado en un ambiente difícil, Jesús es perseguido por los fariseos, su ministerio y su predicación son discutidos; la pugna entre el valor de la ley y de la persona es creciente; los enfermos lo buscan sin límite alguno, los fariseos le exigen milagros, su predicación es motivo de escándalo, sus palabras causan malestar en las estructuras de poder del momento y desde luego expresiones como “guardaos de las levaduras de los fariseos”, produjo que mucha gente lo odiara.

En este contexto, Jesús se marchó hacia el territorio de Tiro y Sidón, era territorio cananeo; “los cananeos son la raza pecadora que representaba malicia e impiedad, era la raza que debía ser exterminada y por eso Jesús no entró a las ciudades según el relato de Mateo; por el contrario, la mujer cananea había venido a ver a Jesús” (Cfr. Comentario Bíblico de San Jerónimo. Tomo III. Nuevo Testamento I. Ed Cristiandad.  P. 234); Jesús tuvo un mínimo contacto con los gentiles quienes no aceptaban a Jesús como el Mesías ni mucho menos podían llamarlo Hijo de David como curiosamente lo llamó aquella mujer, titulo con el que la mujer confirmaba el mesianismo del Señor; al parecer este texto habría sido compuesto a propósito de los problemas suscitados por la admisión de los gentiles a la Iglesia.

La mujer venciendo los parámetros religiosos de su cultura y con un corazón abierto busca a Jesús para que le concediera la salud espiritual a su hija, pues tenía un demonio muy malo; la cananea exponiéndose al rechazo le grita a Jesús diciéndole “Señor ten compasión de mí”; Jesús en muchas ocasiones había sentido compasión por los enfermos y por eso los había curado; pero en este caso Jesús no le presta atención a la mujer por ser cananea y continúa su camino; los apóstoles interceden y le dicen a Jesús que la atienda, y aquí aparece la famosa expresión de Jesús: “No está bien echar a los perros, el pan de los hijos”, afirmando con esto, que no podía desperdiciar su palabra y su sanación con gente que no creía en él; la mujer abriendo su corazón le dice: “también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos” y al instante se escucha la proclamación de Jesús: “Mujer qué grande es tu fe; que se cumpla lo que deseas”.

Realmente en este relato no es importante el milagro realizado, lo preponderante es lo pronunciado por la mujer: “también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”; porque muestra el deseo de abrazar la fe en Jesucristo; revela que la fe no conoce fronteras ni distingos de cualquier índole; expresa la apertura de un corazón que cree y que está dispuesto a amar; la expresión en cuestión cobra valor porque nos enseña que nunca es tarde para adherir nuestras vidas al Señor; que por más que nuestra cultura, nuestros valores, nuestras convicciones sean plurales, tenemos la oportunidad de adherirnos incondicionalmente a Jesucristo por la vía del amor y la esperanza.

Por parte de Jesús, una vez que le dice a la mujer “que se cumpla lo que deseas, que grande es tu fe”, quiere significar que Él nunca rechazó la fe dondequiera que la encontraba; mostrando así apertura  a todo hombre y  mujer, que con un corazón sincero decida seguir sus pasos, conocerlo y amarlo.

En síntesis, este relato bíblico enfatiza en la imagen de un Jesús que tiene sus manos abiertas para estrecharnos junto a su pecho; que por encima de las diferencias y fronteras que ha inventado la humanidad, con su inmenso amor sigue cobijando al mundo entero.

Hermanos y Hermanas, que bajo el amparo tierno del Corazón Inmaculado de María, podamos nosotros al estilo de Jesús acoger a las personas con amor, superando fanatismos, fundamentalismos, fronteras y ortodoxias sin sentido.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos