Sábado, diciembre 03, 2016

REFLEXIÓN PARA EL 16 DE AGOSTO

REFLEXIÓN PARA EL 16 DE AGOSTO

Yo no soy como me hizo el Señor, pero siento que debería esforzarme más para hacer un acto de soberbia que un acto de humildad. Porque la humildad es la verdad, y la verdad es que yo no soy nada, y todo lo que hay de bueno en mí, es de Dios.
Y a  menudo desperdiciamos incluso lo que de bueno Dios puso en nosotros. Cuando veo que la gente me pide algo, no pienso en lo que puedo dar; sino en lo que no sé dar, y por eso muchas almas quedan sedientas, por yo no haber sabido darles el don de Dios.
Pensar que cada mañana Jesús hace el injerto de sí en nosotros, nos invade a todos, nos da todo, debería por tanto brotar en nosotros el ramo o la flor de la humildad. Viceversa, el diablo, que no puede insertarse en nosotros tan profundamente como Jesús, he aquí que hace florecer inmediatamente sus vástagos de soberbia. Esto no nos honra. Hay, pues, que luchar y esforzarnos por subir. Es cierto: no llegaremos nunca a la cima sin un encuentro con Dios. Para encontrarnos, nosotros debemos subir y Él bajar. Pero cuando ya no podemos más, entonces, al detenernos, humillémonos y en esta humildad nos encontraremos con Dios, porque Él baja al corazón humilde.

P. Pio de Pietrelcina