Domingo, diciembre 11, 2016

PRIMERA CARTA DE SAN JUAN

JUAN

ANTES 

 

El contexto inmediato para que surja este escrito se percibe desde las siguientes circunstancias: aparecen en las comunidades cismáticos o apostatas, que el autor los valora negativamente. Estos piensan conocer y ver a Dios, estar en la Luz y en comunión con Él; pero no reconocen a Jesús como Mesías e Hijo de Dios; de hecho niegan la encarnación. Se consideran sin pecado, aunque no guarden los mandamientos.

 

Ahora; es imposible reconocer a Dios como Padre si no se reconoce a Jesucristo como su Hijo; es imposible amar a Dios si no se ama al prójimo. El autor se dirige precisamente a estos que siembran engaño división, mentira en las comunidades. Estas circunstancias son las que hacen aparecer este escrito conocido como primera carta de Juan. Muchos concluyen que se escribió a finales del siglo I.

 

DURANTE

 

Esta carta se presenta como un testimonio apostólico que invita a la comunión con el Padre y con el Hijo y a la comunión entre los creyentes.

 

Sin duda, es difícil precisar quien es el autor de este escrito. La traducción lo atribuye a Juan, el evangelista, por su afinidad al cuarto evangélico. Sobra recordar términos usados como, Palabra, encarnación, Mandamiento nuevo… Pero, es indudable que el escrito haya nacido en el círculo Joánico.

 

El centro de su teología gira alrededor del misterio redentor. Dios Padre que nos ha dado a su Hijo como Salvador del Mundo, y que nos ha dado su espíritu. Presenta a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, que vino al mundo en carne. Sintetiza el estilo cristiano animado por la fe y el amor para vivir la comunión.

 

El autor califica de anticristos a quienes niegan a Jesucristo encarnado y venido de Dios. La carta desarrolla temas fundamentales que permiten aclarar y ofrecer luces para defender la verdad ante los falsos maestros.

 

¿Cómo vivir la perfecta comunión?

 

Desde el principio de Dios como luz; por tanto debemos vivir como hijos de la luz. No pecar, amar al hermano, mantenerse en la fe recta. Dios es Padre justo que nos regala el don de la filiación divina. Dios es amor, por tanto, quienes creen en Él, deben vivir en el amor guiados por su Espíritu.

 

El autor exhorta a la comunidad en las certezas de fe y a guardarse de los ídolos.

 

DESPUES

 

La Iglesia reconoce este escrito como uno de los más importantes del Nuevo Testamento. La invitación y enseñanzas que ofrece son profundas y vitales en la praxis cristiana: Vivir en la comunión con el Padre y el Hijo y en la comunión entre los hermanos.

 

Nuestras comunidades hoy, envueltas entre las tinieblas de relativismo moral y sin sentido de Dios, son llamados a reconocer a Dios como luz; a vivir como hijos de la luz; rechazar el pecado de cualquier índole.

 

Es cierto cuado se afirma que; si el hombre pierde el sentido de Dios, pierde también el sentido del pecado y actúa como si Dios no existiera.

 

Nuestros pueblos contagiados ya por el ateísmo práctico, sin duda, han perdido o van perdiendo el sentido del pecado. Es apremiante volver la mirada hacia Dios; reconocerlo como luz y como amor; en Jesucristo lo descubrimos, lo conocemos, lo amamos y lo seguimos.

 

Nadie puede decir que ama a Dios si odia a su hermano. Muchas naciones viven en guerra; esto no nos mueve, ni nos sorprende. Pero, este panorama nos dice que si hay guerra y violencia es porque se ha desechado a Dios de sus corazones. Y esto si que es peligroso.

 

Latinoamérica debe poner sus ojos en Dios, volver a Él de todo corazón, amando y promoviendo la comunión y la solidaridad entre los hermanos.

 

SEMINARIO MAYOR LOS SAGRADOS CORAZONES

CARTAS CATOLICAS

PRESENTADO POR: JOSE FERNANDO NARVAEZ GOMEZ

III DE TEOLOGIA