Domingo, diciembre 04, 2016

PARA ESTA SEMANA: SEPTIEMBRE 8 DE 2014.

“El amor hace cosas que solo entienden los que se aman”

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Buen inicio de semana y que Dios les bendiga en los proyectos, los ilumine en las decisiones y les mire con bondad. Dios sea el protagonista durante toda la semana de las obras que haremos, de las palabras que diremos y de las decisiones que tomemos. Abrámosle el corazón.

Los invito para que juntos reflexionemos sobre lo que nos dice el Señor: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”

Y hablemos desde la experiencia personal: Cuando uno es consciente que ha cometido una falta o un pecado y que la persona a la que uno ha ofendido o le ha fallado es importante, es amada; cuesta pedir perdón. Puede ser fácil haber fallado pero es difícil y necesario pedir perdón.

En el pedir perdón, que no es distinto a reconocer la culpa, hay un temor a perder lo que se ama, es ese mostrar, en la petición, la fragilidad que a su vez se convierte en una súplica de compasión y de bondad. Pedir perdón es para que te regalen la oportunidad de mostrar que sigues siendo el mismo ser al que un día se le pudo confiar, creer y amar. Es decir: “levanta tu mirada y aprende a cerrar este capítulo doloroso. Vuelve a confiar, a creer”.

Cuando se ama sinceramente, a pesar del miedo, uno se atreve a pedir perdón y también quien ama se atreve a perdonar. Puede ser que los demás no lo entiendan pero el amor hace cosas que solo entienden los que se aman. Los que saben de amor.

Por eso es importante y se insiste hasta la saciedad que nos amemos porque cuando nos amamos nos somos tolerantes, nos somos pacientes, nos somos bondadosos y misericordiosos. Cuando nos amamos nos volvemos sueño y realidad, pecado y esperanza, rigor y bondad y si así como nos amamos y nos tratamos, amamos y tratamos a los demás, el mundo y las personas estarían llenas de rigor y bondad, pecado y esperanza; la realidad se haría sueño y el sueño una realidad. Pablo dice “Quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie, así pues, cumplir la ley consiste en amar” (Rm 13, 10)

Que nos importemos a nosotros mismos, que los demás nos importen. No es que los condenemos y basta, no es que sean condenados y basta. Hay que aprender a mirar desde el amor. Hay que ponerse en su camino. Hay que salvar de las circunstancias que nos hacen pecado y pecadores. Con los demás hay que procurar también salvar a los demás de las circunstancias que los hacen pecado y pecadores. El prójimo, tal vez más que el culto, que el templo, me tiene que importar. “si tú amonestas al malvado para que deje el mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida”, nos dice el Señor (Ez 33, 9)
El sentirnos importantes para alguien, el sentir que valemos para alguien eso nos motiva. Pero que no sea nuestra indiferencia, esa falta de amor propio y de amor al prójimo lo que siga causando en el mundo tantas muertes, tantas injusticias.

Mucha gente cree que se ama así misma cuando se dedica solo a ella, cuando vive solo para sí. Eso no es más que un complejo mal llevado y una estima que raya con la tierra. El verdadero amor así mismo nos lleva a los demás. Amarse es darse, es entregar lo que se tiene. Es recibir lo que los demás me dan como don de amor. Amarse a sí mismo es sentirse feliz de poder ser y salvar y ayudar y sobre todo de poder tener un espacio en el corazón para todas las personas que independientemente a su condición de pecado son dignas como lo eres tú o como lo soy yo.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd