Sábado, diciembre 03, 2016

PARA ESTA SEMANA: SEPTIEMBRE 8 DE 2013

Todo lo que hacemos por los demás lo hacemos a Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Un abrazo en este día de la Virgen de la Caridad, del cumpleaños de la Virgen María y en ella les deseo a todos una semana de salud y bendición.

He conocido a mucha gente que sigue a Jesús con algún interés como también he conocido a otros que le siguen sin saber el por qué o para qué.

Me imagino la escena del Evangelio (Lc. 14, 25-33) en el que Jesús cuestiona y quiere poner en su sitio a los que le siguen. Y me siento cuestionado y mirado por el mismo Jesús.

Y es que me parece ese cuadro a uno tan típico en ciertos países en donde las multitudes llenan plazas públicas porque muchos de ellos son obligados por sus jefes, otros porque no tienen nada más qué hacer y otros porque realmente están interesados. Las multitudes, aún las que seguían a Jesús y le siguen, significan mucho y nada. Todo depende la lectura que se haga y el lugar de dónde se haga la lectura. Pienso que para Jesús la multitud no llegó a significar un nuevo pueblo o personas de fe que estuvieran cambiado. La multitud un día lo aclamó como Rey, otro día lo condenó a muerte. La multitud un día comió pan porque él los sació y otro día lo rechazaron porque él era Pan de vida.

El cristianismo de multitudes debe cuestionarnos porque en tanta masa la levadura se pierde o cuando se siembra mucha semilla cae en tierra estéril. Personalmente no quiero ser parte de la multitud, quiero ser discípulo a pesar de las condiciones que pone Jesús para seguirlo. Te invito a luchar conmigo para alcanzar la pobreza de espíritu que nos pide Jesús y así vivir abiertos a la bondad, ternura, amor y misericordia del Padre. Ser discípulos como María y como tantos otros que escucharon la Palabra de Dios y la pusieron en práctica. Quisiera ser de esos de la familia de Jesús.

Estamos llamados a ser discípulos y no simples seguidores. Estamos siendo invitados a calcular, a vaciarnos, a ser disponibles. Estamos siendo invitados a no tener nada, ni a nosotros mismos. Porque el que se abandona en Dios será enaltecido, quien se empobrece será enriquecido. Invitados a entregarnos de una manera total, sin reservas. Sin querer encontrarnos. Salir y aunque nosotros no tenemos nada que ofrecer a Jesús es él quien lo ofrece todo, se entrega. Él es el maestro, el Señor. Él nos dará su cuerpo, su vida para que en él nos entreguemos.

¿Qué te ata?, ¿qué nos ata? Porque la idea es que seamos libres. Caminemos, lleguemos a la Cruz y demos la vida por los demás. Le hemos pedido a Dios que nos conceda la verdadera libertad, que entiendo yo, no es otra cosas sino vivir inmersos en el misterio del amor de Dios y por eso no te atas a otros amores, no te regalas por un abrazo. No mendigas amores. Das sin esperar nada a cambio.

Ser libres hasta de nosotros mismos. Sin complejos, sin traumas, sin hacer girar la vida en torno a las cosas buenas o malas que tenemos, ahora hay otras razones para vivir: Los demás. Otros amores por quienes dar la vida: Los demás. Ahora sabemos que somos amados, que somos libres, que tenemos mucho para dar. Y eso hay que darlo, hay que entregarlo.

Hay que ser pobre, desprendido y libre. Quien todo lo da, todo lo recibe de Dios. Quien perdona es perdonado por Dios como perdonamos a los demás. Porque todo lo que hacemos por un hermano pequeño o débil o enfermo, con sed o en la cárcel, desnudo o emigrante lo hemos hecho a Dios que es bondadoso en gratitudes y tiene reservada la vida eterna para quienes le aman. Dichosos los que aman a Dios en sus prójimos.

“El que quiera seguirme que se niegue así mismo…”

 

Con mi bendición:

 

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd