Jueves, diciembre 08, 2016

PARA ESTA SEMANA: SEPTIEMBRE 30 DE 2013.

Hay que salir a la puerta. Tenemos que salir de nosotros mismos.

Mis queridos amigos de santa Teresita, san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo, reciban mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en su amor ha hecho participes del Reino de los cielos.

Para comenzar quiero solo citar una idea de la oración colecta de este domingo XXVI del tiempo Ordinario que desde hace mucho tiempo me seduce por la importancia que tiene también para nosotros:

“Oh Dios, que manifiestas tu omnipotencia principalmente con el perdón y la misericordia…”

Un pensamiento para esos “grandecitos”, para esos que se creen omnipotentes; para todos esos orgullosos y prepotentes de los que el mundo está lleno. Todos esos acomplejados que piensan que por encima de ellos difícilmente existe Dios. A lo mejor, este pensamiento es para ti y para mí; para los dos que tanto necesitamos unas dosis de humildad. Se nos dice, en la oración, que Dios muestra su omnipotencia principalmente con el perdón y la misericordia.

La grandeza, omnipotencia, dignidad de alguien se muestra en su capacidad de entender, de perdonar, de llenar de oportunidades al que ha fallado y todo porque hay un amor que va más allá del amor propio y ama a los demás como se ama a sí mismo.

A Dios nosotros le importamos y por eso nos trata con amor misericordioso y nos perdona los pecados para hacernos partícipes de los bienes del cielo. De sí mismo.

Dios nos eligió, hizo una opción en amor por nuestra salvación y nos busca, nos carga, nos consuela, nos conforta. A Dios le pido que nosotros también seamos capaces de ser acogedores, misericordiosos y pacientes con quienes amamos y nos fallan o nos han ofendido, que seamos capaces de perdonar y de mostrar en la debilidad del pecado la grandeza de nuestro amor.

Les dejo esa inquietud y sepamos que estamos llamados a la vida eterna. En la vida concreta debemos dar testimonio del ser con el que fuimos consagrados y hacer de la vida de los demás un cielo, un anticipo de la eternidad.

Cada día me convenzo más que tenemos que darle un vuelto a nuestro cristianismo o mejor, que tenemos que ponerlo en práctica. Y es que todos sabemos “las cosas bonitas” del Evangelio, de lo que nos enseñó Jesús. Pero ¿quién las está poniendo en práctica? ¿Quién está llevando al cristianismo a que sea real? ¿Quién está amando con bondad, con misericordia, con ternura? ¿Quién está ayudando al necesitado...?

Seguramente miles de personas, seguramente muchos religiosos, laicos, sacerdotes. ¿Pero tú y yo qué? Esto no es de los demás, no hay que seguir encerrados banqueteando espléndidamente. Hay que salir a la puerta, hay que salir al camino. Hay que llamar, invitar. No podemos seguir ignorando a las personas. Este cristianismo es tuyo y mío. El Evangelio es para ti y para mí.

Y como escribió Pablo a Timoteo: “Tú como hombre de Dios. Esfuérzate en la honradez, la piedad, la fe, el amor, la fortaleza y la mansedumbre” (1Tm 6,11-12)

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd