Viernes, diciembre 09, 2016

PARA ESTA SEMANA: SEPTIEMBRE 28 DE 2015.

La humanidad es patrimonio de Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Los saludo con un abrazo que lleva los mejores deseos de salud y paz en el Señor. La semana que comenzamos nos encuentre preparados para dar lo mejor de Dios que tenemos como don para los demás que buscan la construcción de un mundo de amor y de justicia.

Ungidos:

Saber quién está ungido por el Señor, saber sobre quién Él ha puesto su mirada y a quien le ha dado dones especiales como el de profetizar o el de expulsar demonios, de los que tratan la lectura de los números (11, 25-29) el Evangelio de Marcos (9, 38) solo se puede saber por el estilo de vida que lleva la persona que lo ha recibido. Y es que nadie que tenga a Dios en su corazón, puede hacer el mal. Ninguno que hable en nombre de Dios o haga obras en el nombre del Señor puede hacer el mal. De lo contrario, si conoces o conocemos personas que actúen en nombre de Dios o hablen en nombre de Dios y en su vida los frutos que producen son maldad y pecado, destrucción y guerras, debemos tomar la decisión de alejarnos de la persona, no de la institución, esas personas así no son más que estafadores de la fe, o sepulcros blanqueados por fuera que guardan podredumbre dentro.

La manera de actuar muestra lo que hay en el corazón del ser humano:

El corazón del ser humano solo Dios lo conoce pero también es verdad que lo que hay en el corazón se manifiesta en la palabra y en lo que como actitud brota en la relación consigo mismo y con los demás. Dios es libre, ciertamente no es propiedad de un movimiento religioso. Dios es de la humanidad; Dios existe y va tocando corazones y moviendo vidas porque desde esos corazones y vidas transforma la humanidad. Nada más cercano a la realidad humana que lo humano mismo. No en vano Jesús asumió nuestra condición, tomó carne en el seno de María. Se hizo semejante a nosotros menos en el pecado. Nada más distinto a lo humano y a lo divino que el pecado. El pecado desfigura el rostro de Dios reflejado en nuestro propio rostro. El pecado nos “afea” ensombrece la hermosura y el señorío del ser humano que es hecho a imagen y semejanza de Dios. El pecado tiene una ventaja y es que como es accidental se puede quitar, se puede dejar a un lado. Por eso hay que decidirse de nuevo por Dios, ser valientes y dejar todo aquello que no permite que Dios se exprese, se revele a través de nuestros actos, de nuestro amor.

A nosotros nos tiene que mover el amor, esa es la enseñanza más grande de Jesús; Él mismo nos ha pedido que nos amemos los unos a los otros y todo el que ama, nos lo dice san Juan, ha nacido de Dios. Es de Dios.

No son las normas las que tienen que mover nuestro actuar es la convicción de saber que tenemos un amor que transforma el mundo. No es la religión la que limita la pertenencia a Dios. Es el amor el que nos hace suyos.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd