Domingo, diciembre 04, 2016

PARA ESTA SEMANA. SEPTIEMBRE 16 DE 2013.

El amor mira más las posibilidades que el pecado. ¡El amor mira el corazón!

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi mayor anhelo es que la Palabra de Dios que tanto conforta, nos entusiasme de tal manera que seamos capaces de hacer del cristianismo la religión que opta por el amor.

Escribió Pablo a Timoteo: “…Pero nuestro Señor tuvo compasión de mí, que no tenía fe y no sabía bien lo que hacía. Y en un derroche de generosidad me dio la fe y el amor que me hicieron cristiano” (1Tm. 1, 13)

Muchos de nosotros también necesitamos la fe y el amor que nos hacen verdaderos cristianos, porque creemos serlo por ciertos documentos o tradiciones pero no llegamos a serlo en realidad, o al menos, no lo manifestamos en la vida.

Muchas veces creyendo que somos buenos podemos hacer el mal o hasta perseguir al mismo Jesús en los hermanos, como le pasó a San Pablo. Hacemos el mal excluyendo, condenando, queriendo aparecer justos frente a los que no amamos para tener de qué acusarlos. Si amamos, la justicia se aplica con misericordia y mira más las posibilidades que las dificultades o las fallas o pecados.

Cuando Dios te perdona, cuando tú perdonas, cuando perdonamos, estamos llenando de posibilidades la vida de quien nos ha fallado y le demostramos que el amor y la misericordia son más grandes que el pecado que aunque empequeñece no logra anularlos en cuantos seres de bondad y de amor.

El perdón nos lleva a mirar mucho más allá del acto de pecado. ¡Mira el interior, el corazón!

La fe y el amor que le dio el Señor a Pablo para ser cristiano le dio fuerzas. Pudo romper sus esquemas y dar un salto en sus tradiciones y enseñanzas. Fue capaz de descubrir en la ley la esencia del amor. No anuló la ley ni le quitó comas, hizo como el mismo Jesús, que llevó la ley a su plenitud cuando comenzó a amar a las personas más que a las normas, los mandamientos o las tradiciones.

Nosotros también deberíamos ser conscientes que hemos recibido la fe y el amor a plenitud en el Bautismo. Somos hombres y mujeres de fe, capaces de amar. ¡Tenemos la fuerza para hacerlo!

Toda persona que tiene fe en Jesús y ama, es cristiana.

Tú y yo, si no lo somos de hecho sino de palabras o tradiciones, estamos llamados a serlo. Te invito a darle cuerpo a tu fe y a darle sentido a tu amor.

En este mismo momento me estoy preguntado qué tipo de creyente soy, si soy cristiano porque tengo fe y amor o sencillamente no logro serlo porque me falta la esencialidad del cristianismo que es creer en Jesús y amar.

¿Qué hago con mi fe?

La invitación para esta semana es a que la gente con la que día a día te encuentras: tus familiares y amigos; que en tu trabajo, que en la calle, que tus vecinos, que la gente que dices amar sepan que tú eres cristiano. Que todos sepan que el encuentro con Cristo, que su amor, su bondad y sobre todo su misericordia, cambió tu vida y tu manera de relacionarte, de servir, de amar.

Que todos lo sepan: eres persona de fe y de amor. Que vives en eterna gratitud con Jesús que ha venido a salvarte.

Como el hijo prodigo te invito a que recapacites y vuelvas a la casa del Padre, que vuelvas a Jesús. En Dios lo tienes todo y en Dios serás capaz de alegrarte siempre por el cambio de los demás. Que el “otro” es tu hermano así haya malgastado la herencia que el Padre Dios nos ha dado.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd