Jueves, diciembre 08, 2016

PARA ESTA SEMANA: NOVIEMBRE 24 DE 2014.

PARA ESTA SEMANA: NOVIEMBRE 24 DE 2014.

El rostro de Dios es el tuyo y también el de los más humildes.

 

Mis queridos amigos de santa teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. En este día en el que celebramos a Cristo Rey, los invito a que examinemos nuestro amor y sobre todo la manera que tenemos de expresarlo. Somos hechos por amor, fuimos creados para amar y nuestra tarea y misión siempre será vivir la esencialidad, es decir, el amor. Sin amor, sin amar, la vida sencillamente se pasa pero no se vive, no se entrega, no se gasta. Y hay que morir para vivir, hay que dar la vida para ganarla. Hay que darse.

El amor del que nos habla Jesús es un amor sin distinciones que se caracteriza por la generosidad y acogida a todas las personas y para un corazón lleno de amor esta tarea no es complicada, se vuelve espontánea.

Un amor no solo a los amigos sino también que sea capaz de volverse acogida y perdón frente a los enemigos. Amar a todos no solo a lo que nos aman y nos corresponden con su vida, actitudes y comportamiento. El reto siempre será amar a los que pensamos que son contrarios y, desde el amor que nos habita, ser capaces de trascender nuestra fragilidad para que se manifieste la divinidad en la humanidad. Dios en nosotros, Dios en los otros. Dios dando y Dios recibiendo. Dios “gastándose” amorosamente en nuestras vidas y Dios siendo posibilidad recibiendo el amor que se hace alimento, bebida, visita, acogida, perdón…

El amor cuando es sincero todo lo soporta, es decir, es capaz de llevar toda la realidad de la otra persona en sus hombros. De la manera que lo hizo el pastor cuando encontró la oveja perdida. Quien ama realmente desde Dios no hace excepción de personas, no excluye jamás, porque el primer y más importante signo del amor es la misericordia que además se hace ternura. Y es que sigue siendo verdad una posibilidad: si hay hambrientos y sedientos y desplazados y encarcelados es porque, de alguna manera, el desamor reina en muchos corazones que dejaron de lado a Dios para vivir para ellos mismos. En cada egoísta, en cada prepotente, en cada envidioso, hay un rostro de hambre, de sed, de delito. En cada enamorado de Dios, de la vida, de sí mismo y de Dios, hay un rostro de alegría, de satisfacción, de saciedad, de paz.

Rostro de Dios es el tuyo y también el de los más humildes. Expresemos a Dios, acojamos a Dios, ayudemos a Dios en cada hermano. Ellos son su presencia y su rostro porque el rostro de Dios no es una cara o la apariencia: es el corazón. Allí anida la verdad de cada uno. En el corazón existimos.

Mientras tengamos vida y fe en Jesús resucitado y en el amor con el que Dios nos ha amado, hagamos todo lo que está a nuestro alcance para librar el mundo, con Jesús, de la esclavitud del pecado. Por eso que todas nuestras actuaciones sean desde el amor ya que solo el amor nos hará libres y llenará no solo de libertad sino también de paz a las personas que nos rodean.

Que Cristo reine y que desde Cristo nosotros nos hagamos señores de la creación. Todo fue hecho por Él y para Él, como lo escribió san Pablo y nosotros somos de Cristo y Él es de nosotros. Él es el más grande regalo que por amor nos ha hecho el Padre y en Cristo todo lo tenemos porque lo llevamos como un signo en el corazón.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd