Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA ESTA SEMANA: MAYO 5 DE 2014.

Dios nunca nos abandona

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo cargado de bendiciones para esta semana que comenzamos. Jesús siga siendo en nuestras vidas el que nos invite a regresar a las alegrías y esperanzas de la vida. Que las derrotas no opaquen el soñar por el futuro mejor, cargado de amor y de paz.

El Espíritu Santo, regalo del Padre a Jesús y dado a los discípulos en la Pascua se hace visible, se hace palabra. Se hace vida. A Dios se le puede tocar en cada obra de bien, en cada palabra de amor y en cada gesto de entrega y de servicio. ¡Jesús sigue con nosotros! ¡Ha resucitado!

Pedro se lo recuerda a la multitud el día de Pentecostés (Hc. 2, 14. 22-33) Jesús ha sido resucitado y llevado al Padre pero no por esto ha abandonado la misión frente a la humanidad; es ahora, por medio de sus discípulos, a los que les regala el Espíritu Santo que Dios mismo le ha comunicado, que se sigue invitando a la conversión, a la fe en Jesús, al bautismo que nos regenera y al Reino que se será el único capaz de transformar el mundo. Ahora, a los discípulos, les corresponde tocar el corazón de cada persona.

Ahora sabemos que Dios no nos abandona, que nos espera la resurrección, la eternidad; que el Padre nos llevará a gozar de la alegría de su presencia.

La celebración de la Pascua a nosotros nos rejuvenece, nos llena de esperanza, le da un sabor diferente a lo que pensamos y a lo que hacemos. Ahora sabemos que redimidos hacemos parte de la historia de salvación y que podemos esperar con alegría nuestra propia resurrección.

La gran noticia que es comunicada en la Pascua es que Jesús está vivo, que hemos sido glorificados en él y que además vale la pena abrirse en fe a Jesús para ser vivificados por el Espíritu Santo que el padre nos regala y Jesús nos comunica para que así podamos vivir en este mundo con fe, esperanza y amor, tres cosas tan de Dios que transformarán nuestra permanencia en el mundo. Dios en la Pascua nos hace capaces de dar la vida para la salvación de muchos.

Nos queda Jesús, nos queda su Palabra, nos queda la Eucaristía. Jesús se aparece, camina con nosotros; Jesús nos habla y nos exhorta para que vayamos a lo más íntimo del entendimiento, a salir de los prejuicios, de las incapacidades. Dios no es de imposibles y por eso hay que abrirse a que nos sorprenda. Jesús se aparece y nos alimenta, resucitado sigue sintiendo compasión por su pueblo y por eso se queda y parte para nosotros el Pan. El Pan de vida eterna que sacia nuestra hambre y ambición.

El camino a Emaús es largo; el camino de la tristeza, de la decepción, de la muerte, se hace eterno. Tal vez días de camino, pero lo más lindo es saber que allí, antes del final, de que nos perdamos en la desesperanza y nos reafirmemos en el desconsuelo, llegará Jesús, se hará compañero de camino, nos dará fuerza, luz y alimento y nos invitará a regresar.

Cuando estamos con Dios o cuando hemos estado con Dios, nos daremos cuenta que Él jamás nos abandona; Dios siempre estará con nosotros. Y a pesar del dolor, de la tristeza, de la muerte Él es Emmanuel; Él nos enseñará que las cosas siempre son nuevas, que todo comienza y que siempre lo más importante será atreverse, creer y regresar.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd