Domingo, diciembre 11, 2016

PARA ESTA SEMANA: MAYO 25 DE 2015.

Santificados para la misión, para dar lo santo que hay de que cada uno.

 

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo lleva todo el amor de Dios, toda la fuerza del Espíritu y toda la valentía de los discípulos y quiero que se contagie de tal manera que todos nosotros también vivamos el don de Pentecostés convencidos que somos más de lo que pensamos, que Dios nos tiene en sus planes aunque no lo creamos y que el mundo nos necesita convertidos, llenos de Dios y de amor para cambiar desde nosotros lo que parece que se torna imposible de cambiar. Ahora somos fuertes, hemos recibido el Espíritu y nos atreveremos a darle al mundo experiencia de Dios que es lo que le hace falta para sea lo que está llamado a ser: manifestación de Dios.

Y ¿después de Pentecostés?... la vida sigue y el compromiso de llevar el Evangelio a todas partes, de vivir conforme al Espíritu recibido, el dejar los miedos para poder abrirnos a los demás… también siguen.
Ahora tenemos conciencia que siendo los mismos estamos llenos de la presencia de Dios que es su Espíritu.
Dios ahora nos ha hecho su lugar preferido, el centro de operaciones en el proyecto de salvación que tiene para con el mundo. Ahora tomamos conciencia de ser sus soldados, nos ponemos a su servicio. Hombres y mujeres entendiendo que el mundo necesita de amor, de perdón, de solidaridad; entendiendo que el mundo necesita de justicia y de la paz que nace como fruto de una experiencia de encuentro con la divinidad que a su vez nos ayuda a entendernos a nosotros y a los demás…Dios nos necesita entendiendo y actuando; siendo nosotros los justos, los que perdonamos, los que llenamos todo de paz.

Comprometidos comprometemos y con las palabras que anunciamos y la vida que llevamos lograremos conseguir soldados para el Señor, obreros para su obra, miembros para su cuerpo que es la Iglesia y sobre todo hombres y mujeres nacidos del amor para el amor.

Pentecostés ha pasado pero la Iglesia que nace tiene que predicar en el nombre de Jesús la conversión y el perdón de los pecados. Tenemos que seguir el proyecto de Jesús, enamorarnos y enamorar del Padre.
Salir y perdonar los pecados, llevar la paz a todos los lugares y hablar de un ser humano nuevo que nace en las aguas del Bautismo gracias a la unción de Espíritu Santo que Jesús envía para darnos
fuerza, sabiduría, palabra, entendimiento, ciencia, piedad y temor a Dios.

"Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo" (1Cor.12, 12) Vivamos a plenitud el don que Dios tiene para cada uno y con el que fortalece, enriquece y santifica a la Iglesia. Somos elegidos para gozarnos de lo más íntimo de Dios, su amor, porque ahora sabemos que Dios nos ama ya que hemos conocido el amor en Jesús. Elegidos para salvar, para construir, para dar. Somos santos, fuimos santificados por el Espíritu. Que de corazón acojamos el hecho de la conversión y nos convenzamos día a día que el mundo necesita de nuestra santidad para crecer en amor, en paz y en entrega solidaria a los demás.

Que como discípulos del Señor nuestro lenguaje sea comprendido por los demás, que nos oigan en sus mismas realidades hablando del Señor, de su amor y acogiendo el don del amor que será lo único que realmente cambie el mundo. Llamar a la conversión y dar el Espíritu son ya primicias de que Dios hace un mundo nuevo desde nosotros y con nosotros.

No olvidemos que Pentecostés es para la vida, para salir, para llenar todo de Dios. Pentecostés es para recordar que Dios te habita y hace de tu vida un regalo para los demás.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.