Viernes, diciembre 02, 2016

PARA ESTA SEMANA: MAYO 19 DE 2104.

Que seamos santos como Dios es Santo.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en su amor nos hace capaces de amar y que en su bondad permite que participemos de la alegría de escribir, junto con Jesús, la historia de la humanidad que transforma el corazón gracias al aporte que nosotros como cristianos podemos hacer.

En nosotros los cristianos el deseo de hacer el bien, de vivir a perfección el bautismo, el poder llegar a la coherencia, no debe perderse. El cristianismo, cuando se hace vida se convierte en una llamada frecuente, constante, de cada momento, a la vida en el Espíritu, a la vida cimentada en Jesús. Una invitación a ser perfectos como lo es Dios.

Dios que nos ha renovado por el bautismo, que ha cancelado la deuda del pecado por la acción misericordiosa, por la ofrenda en amor de Jesús, es el que nos está invitando a dar frutos, a llenar la vida de buenas obras y construir, desde la experiencia del Evangelio, del mismo Jesús, un mundo nuevo. Es el Reino de Dios en el que los pobres, los marginados, los condenados, los pecadores, tú y yo, estamos siendo invitados a ser miembros y protagonistas para que el acontecer de cada uno por la historia sea también el acontecer de Dios en la vida.

Dios que nos ha renovado por el bautismo también quiere santificarnos. La Pascua es así la actualización de este querer de Dios. La entrega, pasión y muerte de su Hijo acontece como signo de amor; del amor de Dios que se compromete con la humanidad sin otra condición que la del amor mismo. Quien ama como Dios llega hasta el fin, persevera y no se rinde ante la adversidad y la tentación porque sabe que para quien ama el amor se hace fuerte y valiente.

Es Dios el que quiere que seamos santos como Él mismo lo es. Esa santidad expresada en la bondad, en la entrega, en la ternura, en la misericordia, en ese deseo de que nos amemos los unos a los otros de la misma forma que nos ha amado en su Hijo Jesús. Es amar la vida, la creación, la humildad, amarte y amar a los demás, desde Dios, de la forma que Él nos está amando.

La santidad, que es a lo que debemos aspirar siempre, es un regalo de Dios. Y por eso hay que vivir en Dios. Sumergirnos en Él. La santidad de Dios expresada en los detalles de amor con los que Él ha llenado a la humanidad es la que hace que nosotros seamos capaces de dar frutos. Ahora es el Padre junto con el Hijo y en el Espíritu el que permanece en nosotros. Este regalo de fe, se convierte en capacidad personal de hacer el bien y no solo con las palabras sino también con la obras. Hay que abrir el corazón de tal manera a Dios que Él sea el que a través de cada uno se manifieste. Estamos desde Jesús siendo a enviados a construir el reino y las obras que debemos hacer deben ser expresión del que nos habita y ha llenado el corazón de amor.
Ama y deja que sea Dios el que guie tu caminar.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd