Jueves, diciembre 08, 2016

PARA ESTA SEMANA: MARZO 8 DE 2015.

Mi vida tan llena de cosas, de imágenes, de novenas y tan vacía de Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Antes de la reflexión para esta semana, quiero saludar de manera especial a todas las mujeres, a cada una de ustedes, en este día tan especial y desde ya tan lleno de ternura y de amor. Decir domingo es decir alegría, decir Dios es decir amor, decir mujer es decir madre, hermana, amiga, confidente. Parte tan esencial de nuestras vidas y de nuestros cuerpos. Mujer lo encierra todo y nos encierra a todos. Gracias mujeres y que Dios las bendiga con salud y paz.

Sigo leyendo y meditando ese texto del Evangelio de san Juan (2, 13-25) y solo pienso en Jesús mirando mi vida e invitándome a que sea también valiente y arroje, eche fuera de mi vida y de mi corazón todo aquello que impide, que limita o que hace falsa mi relación con Dios. Creo que también Él quisiera tomar un látigo y expulsar todos aquellos ídolos que me habitan y que he puesto en el lugar del Padre, de Dios.

Y es que también Jesús llega a mi vida y me cuestiona sobre mi religiosidad tan carente de experiencias de vida, de amor, de misericordia, de ternura, de entregas, pero tan, tan llena de cosas, de velas, de imágenes, de novenas, de medallas, de… y tan vacía de Él, de su amor.

Dejé que mi vida, mi casa, mi intimidad se llenaran de tantas cosas de tantas necesidades, de tantas ambiciones y por lo tanto de tantos egoísmos, miedos, enemigos, que siendo mi casa y mi intimidad los lugares de Dios ya no puedo llegar hasta allí, hasta donde Él, al lugar de su presencia. He puesto muchos obstáculos, he levantado muchos muros, me hice una fortaleza cuando mi vida y mi misión son la apertura, el servicio, la acogida… El amor.

Y tengo miedo de derrumbar ese templo que me he construido en idolatría y tengo miedo de quedarme sin nada aunque sé que en mi nada encontraría a Dios. Y tengo miedo y tal vez por eso no me tomo en serio ni mi proceso de conversión, ni mi vida cristiana. Tengo miedo de Dios que mirándome con amor me diga también lo que dijo al joven: Te falta una cosa: vende lo que tienes y dalo a los pobres.

Ruego a Dios y se lo pediré toda la semana lo que encuentro en la oración colecta de este domingo: “Dios mira con agrado mi humilde confesión y a mí que siento oprimida mi conciencia, levántame siempre con tu misericordia”. Y es que siento que me falta una toma de conciencia de lo que significa para mí ser lugar, templo del Espíritu de Dios y por lo tanto presencia de Dios para los demás. Tengo otros dioses fuera de Dios. He puesto en su lugar mis ambiciones y mis propios bienes y hasta otros amores que no son Él a quien debo amarle sobre todas las cosas.

Llegó el momento de reconocer, de confesar, de aceptar y por lo tanto de limpiar la casa, el templo y tomar conciencia que somos del Señor, que Él nos ha liberado para liberar, nos ha dado para dar. Somos administradores de su propiedad. Que el encuentro con el Señor en la confesión sincera, genera en nosotros aquellos sentimientos de Zaqueo de devolver, de dar, de cambiar de vida para siempre.

Tal vez necesitemos creer en Jesús, confiar en Dios. Abrirnos a su Providencia, abandonarnos en sus manos y caminar pasando por las vidas e historias de tantas personas que nos rodean. Estamos en Cuaresma lindo tiempo para que caminemos hacia la Pascua con la alegría que generan los propósitos y con la firme convicción de ser capaces de salir adelante.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd