Sábado, diciembre 10, 2016

PARA ESTA SEMANA: MARZO 30 DE 2015.

La grandeza que no se vive en humildad es una soledad llena de ruidos, de miedos.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Hemos comenzado la semana santa y ahora nos esperan días de reflexión, de recogimiento. Días para tomarnos el tiempo necesario para volver sobre nosotros mismos, nuestros pensamientos y acciones; tiempo para levantar la cabeza y mirar de nuevo a lo alto en donde se encuentra Cristo como signo de un amor incondicional de Dios.

Levantar la cabeza para encontrarnos con el amor de un Dios que sigue apostándole a un mundo nuevo, a un ser humano más humano y por lo tanto más divino, más semejante a su creador. Un ser humano para expresar el amor más justo con su hermano. Un ser humano que ame desde lo que él mismo es: amor.

En cualquier lugar, al que vayamos o pensemos ir a pasar estos días santos, no olvidemos que estamos acercándonos al misterio del amor. Estos días nos invitan a encontrarnos con todo el potencial que tenemos para hacer el bien y para sentir que no estamos solos, que por el contrario, tenemos al resucitado. A ese mismo que un día fue elevado sobre la cruz para que le miráramos y sintiéramos un amor que nos desborda y que ahora resucitado, nos ilumina, nos anima y nos fortalece para que como él seamos capaces de crear un mundo nuevo en caminos de fidelidad y entrega.

Es semana Santa, días para sentirnos llamados a la humildad. Los de corazón humilde son capaces de descubrir el poder de Dios en cualquier circunstancia, ellos saben que el Señor les ayuda y la confusión por los miedos no hace mella en sus vidas. El humilde sabe que cuenta para Dios porque vive en mi amor.

La humildad nos ayuda a entender que los desprecios y los juicios que nos hacen o que los castigos que nos imponen no son más que desconocimiento de lo que somos y de nuestro origen. Muchos solo juzgan y condenan por apariencias; otros se dejan llevar por las terquedades, frustraciones y complejos de la propia vida, para hacerle daño a la gente que actúa o que en el hablar expresa un sentimiento o pensamiento diferente. Dios siendo Dios no fue reconocido por los que se gloriaban de ser su pueblo, de conocerle y no por esto ha dejado de actuar en favor de la humanidad a la que quiere rescatar por medio de su Hijo para que logre la paz y la armonía que existe desde el origen de la creación.

El abajarse, el ser humilde puede generar un desconcierto grande en los que solo esperan cosas grandes y extraordinarias. Le pasó a Jesús con los suyos que no fueron capaces de reconocer en la pobreza, en la humildad de Jesús al Mesías a pesar de las obras que acompañaban su predicación.

Nosotros debemos aprender que quien es realmente humilde, limpio, sencillo, no deja su dignidad cuando se abaja, al contrario la engrandece y la llena de bondad.

Pensemos que la grandeza, si no es para vivirla en humildad no es más que una soledad llena de ruidos, de miedos y de sufrimientos. Cristo nos ha dado ejemplo de humildad, ha padecido su entrega y su misión pero ha recibido la recompensa de los que saben esperar el acontecer de Dios en la historia de la humanidad.? Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre para que al nombre de Jesús todos doblen las rodilla (cfr. Flp.6, 11)

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd