Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA ESTA SEMANA: MARZO 24 DE 2014.

¡Vamos al pozo allí está Jesús esperando por nosotros!

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial y mis deseos de corazón que sintamos mucha sed de Dios y de sus “amores” para que juntos trabajemos esta semana por irradiar la paz y la serenidad que tantas personas necesitan encontrar.

Que nuestro corazón sea un manantial de agua vida que en toda circunstancia regale a Dios y su amor.

El Evangelista Juan nos presenta a Jesús como agua viva, agua de vida eterna. Como quien viene a saciarnos y a darnos vida eterna. Jesús mismo es un torrente de agua que lava, purifica y reaviva.

¿Tenemos sed?, ¿Qué es lo que nuestro corazón ansía? Buenas preguntas para reflexionar a lo largo de esta semana porque la verdad está en que saciados podemos saciar y sedientos solo podemos dar y generar ansiedad e inseguridad.

¡Vamos al pozo a donde está Jesús! Bebamos de Jesús. El hambre, la sed de Dios, de trascendencia nada ni nadie solo nos la quita Él. Solo Dios.

La paz interior, la paz del corazón, la capacidad de amar está en el agua viva y solo en Jesús la podemos encontrar.

El hecho que creas en Jesús como Mesías y como el Salvador ya hace sentir en el corazón la alegría de saber que hemos sido justificados, hemos adquirido el valor de Dios; nuestro rescate ha sido pagado y por eso ahora somos en Cristo de nuevo de Dios. Su rostro y su imagen.

La gracia se ha derramado y por Cristo hemos sido embellecidos, divinizados, saciados. Por eso ahora lo ideal es que nos mantengamos, como escribe san Pablo (Rm 5, 1-2. 5-8) en paz con Dios. Todo aquello que nos aleja, que nos hace tomar distancia de la experiencia del Reino, debemos dejarlo. Tenemos el amor de Dios que ha sido infundido, derramado, en nuestros corazones y también el Espíritu Santo, que es su fuerza y su poder para vivir saciados gozándonos de su gracia y de su amor.

El ser esclavo, el morir de sed, el tener hambre de Dios será una decisión personal, una opción propia. Es verdad que se puede vivir sin Dios, sin fe, sin esperanza, pero también es verdad que eso mismo hará que nos estemos medio saciando de un agua que se acaba y de un alimento que nos quita la vida. Que fácilmente nos derrumbemos o que la casa se caiga ante el primer viento fuerte, la primera adversidad.

Dios es el autor de toda misericordia y de toda bondad (oración colecta) y por lo tanto está siempre dispuesto al perdón, a la acogida. A levantarnos con su misericordia. Dios mismo nos ha dado como remedio para el pecado, el ayuno, la limosna y la oración. Los invito a reconocernos pecadores, sedientos. Dios mismo nos está ofreciendo este tiempo de gracia para que nos reconciliemos con los demás, con nosotros mismos y con Él y así sentir que nuestro corazón, lleno de su amor, de su ternura y compasión se agranda de tal manera que se convierte en sitio de acogida desde donde podemos nosotros también hacer sentir amados a las personas que amamos y tendremos la fuerza, desde el Espíritu de Dios para no fallarles ni hacerles daño y perdonar a los que nos han ofendido.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd