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Miércoles, Febrero 22, 2017

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 6 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 6 DE 2016.

Queremos entender…

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor. Una semana para trabajar en la propia conversión y para volver a la fe en el Dios Padre del amor que nos ha revelado Jesús.

Es verdad que muchas cosas que nos suceden no las entendemos. Muchos de nosotros ni siquiera nos entendemos, actuamos tan extraños y tan extrañamente en ciertas circunstancias que acabamos sorprendidos y sorprendiendo. Somos un interior, un inconsciente llenos de posibilidades, capaces de dar cosas buenas y también de dar la propia pobreza, la que se ha ido acumulando con los años, con lo vivido y sobre todo con lo sufrido. No nos gusta que nos pidan explicaciones y mucho menos que nos exijan actuar según los parámetros establecidos cuando nuestro límites son violentados.

Pero lo más interesante es que casi todos le pedimos explicaciones a Dios cuando pensamos que Él es el responsable de las cosas malas que suceden, ese concepto inconsciente en el que muchos han sido formados y acaban profesando una fe en un Dios bueno pero creen en el dios malo causante de las tragedias y de las cosas que nos desbordan y causan dolor. La mayoría de cristianos que conozco no creen en el Dios Padre que nos ha revelado Jesús. Nos encanta vivir llenos de miedo para obrar el bien en lugar de llenarnos de amor para actuar con y desde el amor.

Buenos a la fuerza se cansan, buenos desde el amor llegan hasta la cruz.

Un dato real es que de las cosas buenas casi nadie le pide explicación a Dios pero aún y con todo, en el Evangelio, Dios en Jesús, explicó por qué hacía las cosas buenas: porque Él es Santo, es perfecto, es amor, es ternura y es misericordia. Y también se nos dijo que nosotros, que sabemos dar cosas buenas a los que amamos, deberíamos esforzarnos por darlas también a los malos, a los que no amamos, a los que nos generan sentimientos de rencor o de odio. Seamos perfectos, santos, justos como el Padre lo es. El Padre no hace discriminación en el bien y siempre busca la conversión y espera el cambio de los que no son justos, de los que dan cosas malas, de los que no obran conforme a su esencia de hijos amados de Dios. Desde ahí podemos entender por qué cuando una de estas personas que no son como el Padre o cuando nosotros damos el paso a la conversión y nos abrimos a Jesús, hay alegría en el cielo.

No podemos seguir poniendo la fe en los milagros o pensando que Dios se goza en nuestra tragedia o desgracia. Dios no es malo, de Dios no vienen las desgracias, todo es consecuencia de nuestro obrar, de cada acto irresponsable, de cada gesto de desamor y de desprecio. Dios nos invita a la conversión, al amor, al perdón.

Creamos en el Dios de Jesús, en el Dios de la vida, del amor. En el Dios que viene a nuestro encuentro, que nos sana, que nos perdona y que es compasivo y misericordioso. Dios es perfecto.

Creamos en el Dios de la vida, de la alegría y de la acogida.

Con mi bendición

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.