Jueves, diciembre 08, 2016

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 30 DE 2014.

¿Y para ti quién es?

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo.

Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien para esta semana que hemos comenzado y mis oraciones por cada uno para que el Señor les bendiga y les conceda el discernimiento en las cosas que van aconteciendo día a día.

Nosotros, que hemos caminado con Jesús y que le hemos acompañado en los momentos de su vida, deberíamos hacernos la pregunta y contestarnos con toda sinceridad: ¿Él quién es y qué está significando para cada uno? ¿Qué pensamos, qué creemos de Jesús?

Desde lo más íntimo de mi ser quiero también hacerme la pregunta que Jesús hizo a sus discípulos. “Y ustedes, ¿Quién dicen que soy yo?” (Mt. 16, 13-19) porque también entiendo que de lo que creo acerca de Jesús, es también la vivencia de la fe. Y por lo tanto de nuestro propio acontecer por la historia. Y parto de las siguientes convicciones:

Creo en Jesús, encarnación del amor del Padre. Dios que en todo asume la condición humana y que se alegra de las alegrías, que palpa, que vive, que siente en el sentir de la humanidad y que se hace solidario con cada realidad de tristeza o de alegría que vivimos. Y por eso nos invita a abrirnos en solidaridad y compasión con los demás.

Creo en Jesús que sabe de nuestra fragilidad y que también conoce la necesidad y el anhelo que mantenemos de vivir en la bondad. Y Por eso creo en Jesús que se hace agua para saciar la sed; pan para calmar el hambre; camino para llegar al Padre; verdad de quien conoce al Padre y a quien el Padre todo se lo ha revelado y vida que es vida eterna.

Creo en Jesús Pastor que entra por la puerta y que nos lleva a pastos abundantes.

Creo en Jesús promotor de la alegría. Sonrisa de Dios que roba sonrisas. Mirada de Dios que roba corazones, brazos de Dios que se abren para acogernos y para darnos la vida. Manos que son bendición y soplo que infunde aliento y llena de fuerza.

Creo en Jesús el Mesías que nos propone las bienaventuranzas como el camino real de la felicidad. Que nos invita a estar felices, ser bienaventurados, porque sabemos esperar en Dios y dejamos que salga del corazón lo que en realidad somos: amor. Ese amor que nos hace mansos, limpios de corazón, misericordiosos. Valientes y convencidos ante la verdad por la que somos capaces de llegar hasta el final.

Creo en Jesús que mira más allá de mi pecado y sana mis heridas, me regala la alegría de saberme amado y me concede la capacidad de perdonar.

Creo que en Jesús que muriendo en la cruz hizo manifiesto el pecado de la humanidad y mostró hasta dónde es capaz de llegar el ser humano cuando se obstina, se cierra a sus propios criterios y con soberbia juzga a los demás.

Creo en Jesús que se hizo uno en cada uno, se identificó con todos, contigo, conmigo y con el otro y así nos hizo caer en cuenta de la dignidad que tenemos y con la que nos debemos tratar sobre todo cuando estamos siendo condenados, despreciados o juzgados. Creo en Jesús que al rico lo invitó a la humildad, al pobre a la esperanza, al pecador a la conversión. En ese que nos dice, con el ejemplo de la vida, que hay dar, renunciar, ayudar, amar, lavar los pies.

Creo que Jesús el Mesías, el Hijo de Dios en el Salvador. Que viviendo quiso salvarnos, que muriendo nos mostró su amor y que resucitando se nos manifestó como fiel y dador de vida.

¿Y tú?....

Con mi bendición:

Jaime Alberto Palacio González, ocd