Domingo, diciembre 04, 2016

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 17 DE 2013.

Somos mucho más que pecado, somos imagen de Dios

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Para todos una semana de bendición, de mucha paz y llena de oportunidades. Que el Señor colme las esperanzas y los anhelos de bien.

A lo largo de estos días quiero que cada uno se pregunte: ¿Qué veo en los demás? Porque estoy convencido que cada uno ve lo que quiere ver y por eso muchas miradas sobre los demás desconciertan unas por acertadas y otras por no serlo. Dejarse llevar por las apariencias nos ha causado bastante dolor, conciertos y desconciertos. Somos muy amigos de dejarnos llevar de los pareceres y nos negamos, en muchas ocasiones, la oportunidad de conocer a los demás. Conocerlos desde el corazón, desde sus motivaciones más profundas, de aquello que guardan en su interior y que ha marcado su obrar. Eso que cada uno lleva por dentro como parte de pecado, de cruz, de dolor o de vergüenza. Y saber que solo la gracia de Dios. La mirada de amor que Él tiene sobre cada uno es la que nos vuelve agradables en los deseos y acciones, en el cotidiano de la existencia.

Cada uno de nosotros, de las personas que amamos o no, tienen un principio de bondad, ese mismo principio que Dios quiere que nosotros vivamos, el que siempre nos impulsa a cambiar, a ser mejores día a día. Dios mismo, con la luz del Espíritu, nos ayuda a descubrir el valor de las cosas que nos salvan y nos hacen grandes. Ese mirar de Dios que cambia a las personas que se sienten no juzgadas sino profundamente amadas.

Los mensajes de nosotros, de muchos pastores, sacerdotes, cristianos comprometidos, para las personas pecadoras generalmente son de desprecio. Les cerramos las puertas para que no puedan llegar a donde está Jesús, les negamos las oportunidades para un encuentro personal, íntimo o cercano en el que puedan, con sus lágrimas y perfumes mostrar el amor, el deseo de una nueva vida. Ya han fallado y por lo tanto ya están condenados. Distinto para Dios al que lo mueve la dinámica del amor y de la misericordia.

Una persona no puede ser reducida a su pecado. Somos más que pecado, que miseria. Somos imagen de Dios. Somos amados, redimidos. Justificado en la cruz.

La santidad de cada uno no puede seguir siendo un proyecto excluyente, la santidad tiene que ver con la compasión, en el respeto y en el amor. Con los demás.

Tu fe te ha salvado. Es importante saber que cuando nos acercamos a Dios, a Jesús para pedir el perdón debemos creer que estamos siendo perdonados. El perdón es cuestión de fe. Nosotros creemos en el Dios del amor; en el Padre de misericordia. No tenemos la fe en el infierno ni en la condenación y aunque siempre la invitación será a no pecar más siempre tendremos también la confianza en el amor. Creo que por el amor que le tenemos a Dios no le fallaremos pero es también por ese mismo amor que los pecados son perdonados. Un corazón enamorado procura no fallar no pecar, pero quien dispensa el perdón, en justicia, siempre debe mirar esa intención y propósito, por eso al que mucho ama mucho se le perdona.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd