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Miércoles, Mayo 24, 2017

PARA ESTA SEMANA FEBRERO 6 DE 2017

PARA ESTA SEMANA FEBRERO 6 DE 2017

Somos la sal de la tierra y la luz del mundo.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo; mi saludo mi cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que nos recrea en constante bondad.

El encuentro con Jesús, la cercanía con Él, nos lleva también a un encuentro con nosotros mismos, con nuestra esencia y al mismo tiempo con nuestra misión. Somos mucho más de lo que se podemos pensar y de las cosas que podemos hacer y todo gracias a Dios que nos habita y hace que seamos capaces de ir más allá de nuestras propias limitaciones. Aquello que… si tuviéramos fe podríamos mover montañas, calmar la tempestad, el mar, expulsar demonios para liberar a los demás, es verdad. Aquello que Dios nos habita y que si creemos podremos hacer las cosas que hizo Jesús y aún mayores, es verdad.

Desde Dios que nos habita somos fuertes, somos posibilidad, somos amor. Pero al centro de todo está que nosotros vivamos en Dios, dejemos que el Señor obre y saquemos de dentro lo que pueda cambiar lo de fuera. Ser imagen y semejanza, ser templo del Espíritu y también sagrario que conserva a Jesús que se nos ha dado en su Espíritu y en la Eucaristía, son razones para darse, para vivir plenamente la fe y sobre todo para mantenerse firmes.

Jesús con claridad, dice a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra…, ustedes son la luz del mundo…una ciudad en lo alto” (cfr. Mt. 5, 13-16). No les dice serán o podrían serlo. Les está insistiendo en que saquen a relucir lo que son y que trabajen siendo lo que realmente son. No podemos esconder los dones, ni los talentos. No podemos opacarnos, ni apagarnos, ni perder sabor.

Tenemos mucho para dar, mucho para iluminar, mucho para guiar.

Los invito a “ser” a encontrarse de nuevo como personas llenas de posibilidades, de bondad, de ternura y de amor. Sintamos que tenemos un compromiso, desde Dios, con toda la humanidad y es la de dar sabor, evitar todo aquello que corrompa, preservar del mal. Tenemos la misión de iluminar en medio de la oscuridad. Somos luz en un mundo lleno de tinieblas. Seamos personas dignas, en lo alto para orientar y evitemos que los demás se pierdan porque no hacemos lo que tenemos que hacer o sencillamente porque aún no nos descubrimos como seres capaces y llamados a dar.

Jesús nos dice: “Que brille la luz de ustedes ante los hombres para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”. Es hermoso que nosotros podamos acercar a las personas a Dios, que nuestras obras muestren al que llevamos dentro y nos motiva y da fuerza para obrar el bien.

Que el mundo entero glorifique a Dios por las obras que realizamos.

Nunca se nos puede olvidar que estamos llamados a ser bendición para los demás, que somos regalo preciado para los seres queridos y que tenemos mucho, mucho, mucho para dar.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd