Domingo, diciembre 04, 2016

PARA ESTA SEMANA: FEBRERO 23 DE 2015.

Hay que levantar la mirada a Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cargado de bendiciones para esta semana, la última de febrero y la primera de Cuaresma. Una semana para dar gracias a Dios y para disponer el corazón y así escuchar al Espíritu de Dios que como a Jesús nos quiere también conducir al desierto y allí descubramos el valor y la grandeza de saber y de sentir que Dios lo es todo en la vida de quien con fe en Él se abandona y quiere en todo cumplir su voluntad.

Saliendo un poco de nosotros mismos y convencidos de verdad de lo que queremos de nuestra propia vida y hacía dónde queremos caminar, el desierto nos servirá para tomar las decisiones precisas pero al mismo tiempo definitivas. Saber o descubrir desde la experiencia de fe en Dios, que no todo lo que consideramos esencial lo es o lo que creemos que es importante para vivir tampoco lo es, nos llena de miedo. Miedo a no ser nadie, miedo a no tener poder, miedo al hambre, a la necesidad. Esto, el egoísmo y los miedos, nos privan de darnos la oportunidad de un cambio radical, de tomarnos en serio el proyecto de vida y de alcanzar las metas.

Siempre seremos tentados, siempre se nos propondrán cosas mejores, otras alternativas, pero hay que discernir, hay que pensar, hay que levantar la mirada a Dios. Hay que dejarse conducir por el Espíritu de Dios, ese don que hemos recibido ya desde el momento mismo del Bautismo.

Ha llegado el momento de hacer pactos con nosotros mismos y con la conciencia de querer hacer el bien, las cosas bien. Ha llegado el momento de hacer pactos con la humanidad, con la creación, con Dios. Pero pactos eternos, alianzas eternas. Hay que tomar decisiones para siempre. Dios permite la tentación pero confía que las propias convicciones de lo que somos y queremos; que la certeza de saber que somos obra suya para el mundo y los demás y que somos eternamente amados, sean las que nos ayuden a no caer. “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”, pedimos en el Padre Nuestro. Por eso para la tentación lo mejor es: confianza, fe, abandonarse en Dios. No es solo que Él no nos deje caer en la tentación sino también que nosotros obremos y hablemos desde la convicción de no querer caer en la misma.

Hemos iniciado el camino a la Pascua, estamos en Cuaresma. Tiempo para tomar decisiones, para convertirnos y para creer en el Evangelio. Que sea lo que tú quieres ser lo que te llene de fuerza para no caer en la tentación. Toma decisiones aunque estas involucren lo que crees fundamental pero que en el fondo del corazón sabes que te hacen daño, que te quitan su grandeza y dignidad y te hacen esclavo. Y no hablo solo de pasiones sino también de ambiciones y maneras de ser. Todo es posible si te abandonas y te dejas conducir por quien siempre, desde el amor, te hace digno: el amor de Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd