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Martes, Febrero 28, 2017

PARA ESTA SEMANA FEBRERO 13 DE 2017

PARA ESTA SEMANA FEBRERO 13 DE 2017

La verdad sea el principio de todo y el amor sea la norma para proceder.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo. Mi saludo caluroso y pleno de buenos deseos para la semana que comenzamos de la mano de Dios que ahora nos pide que seamos ante todo justos y por lo tanto seres plenos de amor que es lo único que puede justificar el proceder de los demás.

Seguramente muchas personas le habían manifestado a Jesús el temor de que con el mandamiento del amor y con el tema de la misericordia infinita de Dios gente abusaría del perdón hasta 70 veces 7 o perderían respeto, miedo o temor a Dios que ahora “era tan bueno” y ante el cual la lógica de la justificación caía por el hecho que Dios a todos amaba, a todos perdonaba y a todos los hacía sujetos dignos de salvación. Había temor que “la escala de valores” construida sobre la ley se derrumbara y el pueblo perdiera el horizonte que durante siglos les había dado unidad y autoridad.

Para Jesús es claro que nada se cambiará, que la ley es de Dios y que a través de la Ley Dios manifiesta su amor al pueblo y su querer sobre cada uno; pero también para Jesús es claro que la ley sin amor; que la ley que no mira al sujeto, ni el contexto, ni quiere entrar al corazón de la persona, es un mecanismo de dominación en el que se pierde enteramente la libertad y se esclaviza el corazón. Para Jesús es claro que la ley sin amor no es mandato del Señor sino refugio de tiranos y opresores que más allá del bien común buscan el someter a un pueblo que poco a poco va perdiendo el amor, va llenando el corazón de vacíos y el otro deja de ser importante, mientras que, para Dios, tú y yo y el otro somos importantes.

Jesús fue formado en la ley, conoce la ley, vive la ley. Jesús llena de contenido cada norma, le coloca el nombre, el de cada uno, le pone el amor a cada precepto y lo enseña desde lo que Él mismo sabe que el Padre Dios quiere. Por eso nosotros que seguimos a Jesús tenemos el reto no solo de cumplir la ley conforme al Evangelio y el Espíritu de Jesús, conforme a las bienaventuranzas, sino de practicar la justicia. Justicia que toma del ser humano no solo su pecado, sino que también asume su bondad y el contexto; esa dichosa estructura sobre la cual cada uno desde la familia y el ambiente nos formamos, nos erigimos como personas capaces de; cada uno dar lo que tiene el corazón y por eso al corazón hay que volver, al corazón hay que formarlo, convertirlo al amor, vaciarlo de todo aquello que se manifiesta en la relación con los demás como pecado. Todo lo que nos hace pecar hay que quitarlo, más vale llegar amantes y amando que sin corazón.

Que nadie tenga quejas contra nosotros, que nadie nos acuse. Seamos signos del amor que une y comprende; del amor que acoge y da vida. Que desde el amor que tenemos y desde el que somos amados por Dios, entendamos la dignidad del otro; nos comprometamos de ello con quien amamos y salvemos a las personas que hemos decidido amar para siempre. La verdad sea nuestro principio y el amor sea nuestra norma; el corazón el lugar desde el que damos o compartimos y el otro la razón de ser de nuestra entrega.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.