Sábado, diciembre 10, 2016

PARA ESTA SEMANA: ENERO 13 DE 2014.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Un abrazo y los mejores deseos de paz y bien. Que la semana que comenzamos venga cargada de bendiciones y cada proyecto que nace del corazón sensato se haga realidad.

Con la fiesta de la Epifanía hemos terminado el tiempo de la Navidad y ahora, con la fiesta del Bautismo comenzamos el tiempo Ordinario. Nos iremos acercando al acontecer de Jesús en la cotidianidad de la vida y experimentaremos de cerca, por su Palabra, milagros, signos y enseñanzas, al Dios que camina con nosotros, que asume la vida y desde la misma nos enseña que el camino del amor, del perdón y de la justicia, es posible y para esto es necesario un proceso de aceptación, de apertura al amor de Dios que todo lo puede. Convirtámonos y creamos en el Evangelio, esa buena nueva que nos habla del amor tan grande de Dios y que nos invita a ser partícipes, protagonistas de un Reino nuevo.

Y justo con esta fiesta del bautismo de Jesús, final de un tiempo e inicio de otro, los bautizados debemos tomar conciencia de la importancia que tiene este sacramento en cuanto que es un signo que va mucho más allá del perdón de los pecados.

Por el bautismo gozamos de una vida nueva y plena en el Espíritu que se nos da para que vivamos como verdaderos hijos de Dios, para que no nos sintamos ajenos a un proyecto de salvación del mundo y mucho menos de dar un testimonio de vida en el que el cristiano, desde el amor, promueve la justicia de la sociedad.

El bautismo es el sacramento que marca nuestra manera de vivir. ¡Da identidad e imprime carácter!

Los bautizados somos de Cristo y en él somos del mundo. Poseedores del Espíritu, ungidos por él y en virtud de este sacramento, estamos siendo enviados a proclamar el año de gracia del Señor, a perdonar los pecados, reconciliar el mundo en el amor de Dios y a liberar de toda clase esclavitud a los demás. Y esto lo hacemos con la palabra y con la vida, con la entrega y el sacrificio.

Bautizados significa también elegidos. Elegidos por Dios en Cristo para una vida nueva que con la fuerza del Espíritu Santo, está llamada a darse.

Hemos recibido un bautismo de vida, no de requisito para el bien morir. Recibimos un bautismo que nos hace capaces de vivir en gracia, en paz. Sin pecados. La condición humana se ve fortalecida y enriquecida gracias a las unciones con las que nos ungieron y se ve llena de gracia para recibir las gracias, los regalos de Dios. Al que más tienen más se le da. Los cristianos somos ricos porque tenemos todo lo que nos hace capaces de vivir: fuerza, poder, amor. El bautismo es el primer abrazo que Dios da y es la razón de las grandes fiestas del cielo. En el Bautismo un convertido nace a la vida de gracia, recibe el perdón de los pecados y se hace hijo en el Hijo. Desde el bautismo se entiende que hemos sido elegidos por Dios en su Hijo Jesús a ser santos.

Hablar de un bautizado es hablar de un santo, de una persona llena de gracia, llena de Dios, de un ser enriquecido con todo para que sea santo como Dios es santo. ¿Eres consciente de tu bautismo?

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd