Viernes, diciembre 09, 2016

PARA ESTA SEMANA: DICIEMBRE 9 DE 2013.

Todo tiene su tiempo y estamos a tiempo

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Los saludo en esta fecha tan especial y los encomiendo a la intercesión de la Virgen María para que cada vez que les “falte el vino” de la esperanza y de la tolerancia ella interceda ante Jesús y nuestra vida esté siempre rebosante en amor, en fe y en esperanza.

Con la llegada del Señor Jesús se transformará la realidad de pecado en gracia, de vida en muerte, de guerra en paz, de odio en amor. El Señor llega y con esto se nos manifiesta un misterio de amor: Dios, que nos ama, nos busca. Dios sale a nuestro encuentro. Y todo esto será posible (la paz, el perdón, la vida y el amor) en la medida que también Jesús sea conocido, anunciado y amado. Que el mensaje y cada uno de los dones que nos trae Jesús sean dados a todas las personas. La idea es que nadie se quede sin enterarse de la gran noticia: Jesús llega, el amor de nuevo está entre nosotros.

Por eso Adviento es el tiempo, en el que saliendo al encuentro de quien viene a encontrarnos, nos llenemos de ilusión para poder cambiar cualquier situación que nos tiene alejados de la experiencia del amor. Este tiempo es para poder entregarnos sin reservas y para transformar todo aquello que ha ido silenciado poco a poco la fe en el que nos ha bautizado con fuego en el Espíritu Santo y que ahora vuelve a llamarnos a su Reino.

Somos personas capaces de amar, de hacer el bien de servir y sobre todo de construir un mundo nuevo fundado en relaciones de fraternidad justas. Esa razón, el haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, el haber sido hecho el corazón para amar y la razón para saber y entender lo que es justo y agradable a Dios, es la que hace que el mismo Dios, cuando perdemos el rumbo, cuando nos vamos de casa, cuando tendemos a perdernos en el egoísmo y la indiferencia, se hace hombre, asume nuestra condición y nos llama al amor y a una vida eterna que se construye en la tierra.

Esta semana la invitación que resuena es al arrepentimiento y a que la conversión se nos note en las obras que realizamos. Debemos asumir con mayor seriedad el proyecto de Jesús, al fin de cuentas lo único que pretende el mismo Dios es que nuestras relaciones sean amables, cordiales, con gestos de amor. Que no despreciemos a las personas por su condición ni siquiera por su pecado y que nos hagamos todos juntos responsables de la creación entera. Es hacer de la tierra el cielo y del prójimo el hermano. Todo tiene su tiempo y estamos a tiempo. Todo tiene su momento y este es el tiempo de la salvación. Jesús llegó y llegará y todo en él será recapitulado. Puede suceder que tus pequeños esfuerzos por el bien y la paz sientas que no tienen su fruto o resultado pero que ese no sea el impedimento para ser bueno, para hacer el bien. Deja a Jesús la cosecha. Él recogerá las obras, separará el trigo de la cizaña y hará fuego con la paja, con esas cosas nuestras que no ayudan a que este mundo alcance a ser espacio de salvación para todos.

Termino con la oración de Pablo: “Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a ustedes vivir en perfecta armonía unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y una sola voz alaben a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Rm. 15, 4-5)

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd