Domingo, diciembre 04, 2016

PARA ESTA SEMANA: DICIEMBRE 22 DE 2014.

Vale la pena.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo cargado de bendiciones para estos días previos a la celebración del cumpleaños de nuestro salvador.

Antes del día de Navidad, del nacimiento de Jesús, debemos preocuparnos, tomar interés, por el lugar en el que nacerá Jesús. ¿Dónde nacerá?, ¿De nuevo en un pesebre? Espero que no.

La idea es que ahora nazca en el lugar que le corresponde por excelencia: en el corazón y que este nacimiento sea el inicio de una nueva etapa en la relación de cada uno con Jesús; que ahora siendo conscientes que nacerá, que ya llega, también orientemos toda la fuerza y la capacidad de amar hacia Él.

En estos días la palabra clave es disponerse.

Vale la pena disponernos, vale la pena enamorarnos, vale la pena darle la oportunidad a otra manera de pensar, de sentir y de mirar las cosas. Vale la pena intentarlo y trabajar por enamorarnos de quien nos ama, de acoger a quien nos busca, de cambiar ante quien nos pide conversión y de amar como Él nos ha amado.

Sé que hay cosas más atractivas, amores más platónicos, príncipes más azules, pregoneros de amor y roba corazones que Jesús; pero también sé que desde Jesús el reto se convierte en amar con fidelidad y con misericordia; con generosidad y tolerancia; con olvido de sí y de humildad. Por eso vale la pena intentarlo, vale la pena acercarse a Él sin miedos.

Vale la pena abrirle las puertas de la casa para que entre, nos llene de plenitud y de amor, nos regale las fuerzas que necesitamos para amar con respeto y entrega de una vez por todas a las personas que hemos decidido amar y para que Él, en cada uno, sea la expresión del amor de Dios Padre que amando salva la humanidad.

Vale la pena intentarlo porque Dios se sigue acercando, sigue mandando ángeles para que vinculemos al proyecto del Reino, sigue pidiendo posada porque quiere hacer su morada, su casa entre y en cada uno de nosotros.

Vale la pena intentarlo aunque creamos que el edificio que hemos construido se derrumba, aunque pensemos que los amigos se alejarán, que nos quedaremos solos; vale la pena decir SI como la virgen María.

Vale la pena ponerse en el amor de Dios y confiar y creer y callar y amar.

Vale la pena llegar a pensar cómo sería la vida desde Dios, nuestras actitudes desde el amor de Dios. Cómo nos relacionaríamos sabiendo que en el corazón de cada uno habita el ser más grande y sublime, más bueno y más amoroso. El ser que teniéndolo todo lo ha dejado todo para quedarse en nuestra nada, en la sencillez y fragilidad de un corazón que quiere aventurarse a amar de otra manera: al estilo de Jesús.

Vale la pena ser humano, ser amado, ser de Dios.

Vale la pena ser morada y lugar y presencia de Dios en este mundo tan ausente de humanismo, de hogar y de Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd