Viernes, diciembre 09, 2016

PARA ESTA SEMANA: DICIEMBRE 2 DE 2013.

¡Es Adviento!

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo para desearles a todos un diciembre cargado de bendiciones y que este mes, último del año, sea un tiempo especial para encontrarnos con Dios, con nosotros mismos, la familia y los amigos.

Comienza el Adviento, es tiempo de salir al encuentro de Cristo y que así como Zaqueo, cuando Jesús iba a pasar, se subió a un árbol para verlo y desde ese día, que se dejó encontrar por el Señor, su vida cambió; o como aquella mujer, que padecía flujos de sangre, salió a tocar a Jesús para quedar curada y cesó su enfermedad; como el Centurión cuando su hija estaba enferma y recuperó la vida cuando Jesús llegó a su casa; o como Martha cuando salió a encontrar a Jesús y su hermano Lázaro fue resucitado. Así muchas historias de gente que sale al encuentro de Jesús. Ahora somos nosotros los que estamos siendo invitados a salir a su encuentro en este tiempo de Adviento. Y es que llega el que es la vida, el que es la sanación, el que tiene Palabras de vida eterna, el que nos perdona los pecados, el que prepara un banquete para cada uno. Llega el Mesías, el Hijo de Dios.

Llega Jesús y por eso debemos preparar el corazón, estar atentos y vigilantes. No sabemos cuándo vendrá definitivamente pero lo importante es que lo estamos esperando.

Mientras llega, en este tiempo de espera, llenamos la vida de buenas obras que alegran también a las personas que comparten con nosotros la vida.

Queremos tener un lugar, estar muy junto a Jesús. Queremos que a su llegada él se quede en nuestra casa como cuando se quedó en la casa de Zaqueo o de Martha y María. Queremos que él nos dirija una palabra de aliento y de fe como a la mujer enferma, o a la pagana que tenía su hija también enferma. Queremos que él nos perdone como al paralitico que descolgaron en la camilla desde el techo; que él nos ordene coger las muletas y que caminemos como aquel hombre de la piscina. Que él nos visite trayendo la alegría de la vida cuando venga la muerte. Queremos compartir con él, ser alimentados por él; que él nos enseñe y hasta nos invite a seguirle para que seamos pescadores de hombre como hizo con Pedro y los otros discípulos allí en el lago.

Es Adviento, lindo tiempo para reconocernos capaces de practicar buenas obras. Tiempo para encontrarnos con el Señor. Ojalá que en ese encontrarnos con Cristo merezcamos poseer el Reino celestial, ese mismo Reino que pertenece a los pobres, a los misericordiosos, a los humildes y a los pacíficos. Es Adviento y por eso “Vengan subamos a la casa del Dios de Jacob, para que Él nos enseñe sus caminos y podamos seguir sus senderos” (Is.2, 3)

Es Adviento y nunca antes habíamos estado más cerca de nuestra salvación, por eso hay que estar despiertos y comportándonos con dignidad. Todo en la vida, todo fuera de ti sigue igual, ¡pero en ti no! En ti hay una novedad. Estás preparando el corazón, la vida, tu casa, tu ser, para recibir al Señor. Es Adviento y por eso ahora te encuentras entregando las obras que no son buenas y haciendo propósitos para las cosas buenas. Entendiendo que debes vivir cada momento como el único instante que tienes para dar lo mejor de ti. Hoy es el momento del amor, del perdón. El Señor llega aunque todo parezca normal en tu vida hay un cambio ¡En tu vida ya nada es igual! Tú desde hoy, en este hoy de la vida estás dispuesto a obrar el bien y a disponer el corazón para que Jesús llegue en cualquier momento y puedas sentarte con él en el banquete que te ha preparado

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd