Viernes, diciembre 09, 2016

PARA ESTA SEMANA: AGOSTO 26 DE 2013.

Cristiano no es el que sigue a Cristo sino aquel que es como el Padre.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi deseo es que permanezcamos fieles en el propósito de caminar por las sendas que nos conducen a la puerta estrecha que debemos atravesar para gozar de la salvación. Esta será mi oración esta semana para cada uno.

En mi reflexión para esta semana quiero partir de una convicción: Salvarse no tiene una implicación directa con la muerte y obedece a un don de Dios que yo en libertad puedo o no escoger. Es una opción que implica una manera muy concreta de vivir. Esto significa que uno es salvado por Dios en la vida y para la vida. Pasar por la puerta estrecha es decidirse a seguir un camino, seguir en Jesús, estarnos en él y en su gloria o presencia.

Un ser humano que se salva, un pueblo que se salva. Es un ser humano o un pueblo que da testimonio de otra manera de vivir, de otra forma de entregarse. Da testimonio de un amor, de acogida, de respeto. Por eso esta semana nosotros nos deberíamos preguntar sobre el para qué queremos salvarnos.

Salvarse es un morir para la vida, un entregarse para tenerlo todo. Salvación es la decisión radical de los que quieren o queremos ser del Señor y vivir como él: Siendo perfectos como el Padre es perfecto o siendo misericordiosos como el Padre es misericordioso. Cristiano no es quien sigue a Cristo sino aquel que es como el Padre que se ha revelado en Cristo.

Salvarse, ser salvos nos hace discípulos, testigos del amor. “En esto conocerán que son mis discípulos, en que se aman los unos a los otros”

La salvación es una tarea, una búsqueda, un camino. Jesús es el camino, Jesús es la verdad, Jesús es la vida. Él vino para salvar al mundo y todo el que cree en Él tiene la vida eterna. Él nos dijo que el deseo del Padre es que ninguno perezca sino que todos tengamos la vida eterna. Pero hay que entrar, hay que aceptar a Jesús. Hay que caminar por sus sendas, entrar por él. La salvación es una tarea de todos los días, de fidelidad, de perseverancia. “Al que permanece en mí el Padre lo amará”. Permanecer para dar frutos, para la vida eterna.

No encontraremos a Dios después de la muerte lo encontramos en esta vida en la que nos estamos muriendo día a día. Dios no es del final del camino. Dios está caminando con nosotros.

Hay que cambiar, hay que volverse a Él; hay que adentrarse para descubrirlo en lo íntimo, en lo más profundo del ser. Allí donde realmente somos Él está siendo con cada uno. En lo que nos queda de amor: ¡Él está! En lo que nos queda de misericordia: ¡Él está! Cada vez que nos detenemos para ayudar: ¡Él está! Él eres tú, Él vive en ti. Él soy yo, vive en mí. Dios nos habita, somos su imagen y semejanza. En Él todos somos dignos; por todos murió Jesús. Ahora estamos todos invitados a entrar por la puerta estrecha.

Él sigue vivo en el que se muere, sigue hambriento, en la cárcel. Sigue siendo un peregrino, un desplazado. Sigue caminando desnudo y con sed. Salvarse es ser capaz de reconocer que el mundo y todo y todas las personas y todas las cosas son asuntos de Dios y de nosotros.

Por eso como lo pedimos en la oración colecta del domingo: que Dios nos conceda amar lo que manda y desear lo que promete para que nuestros corazones permanezcan firmes donde se hallan las verdaderas alegrías.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd