Lunes, diciembre 05, 2016

PARA ESTA SEMANA: AGOSTO 25 DE 2014.

Somos cimiento. Dios está construyendo un mundo nuevo.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos para la semana que comenzamos. Que Dios colme cada uno de nuestros anhelos y nos permita desear lo que nos promete.

Los discípulos de Jesús debemos vivir con la convicción que somos cimiento y un signo visible para el mundo. Dios, sobre nosotros y con nosotros, está construyendo un Reino nuevo.

Si queremos construir un Reino nuevo, hay que ser de Cristo.

Muchos, a lo largo de la historia, han sido invitados al banquete que simboliza el Reino. La mayoría no lo han acogido. Otros “han sido encontrados” y Dios les ha dado la dignidad, conversión, para que participen de este proyecto. Unos, han sido llamados o encontrados en los cruces de caminos, o parados en la plaza sin que nadie los contrate. Otros pescando o sentando en la mesa o al borde del camino A otros como a ti o a mí nos llamaron en un momento determinado de la historia y de la vida y aquí estamos.

Esto muestra el dinamismo del Reino y el hecho que Jesús siga llamando. Hay que pedir obreros al Padre porque la mies es mucha. A nosotros nos corresponde responder con convicción, no con dudas. Hay que seguir a Jesús con la firme convicción que Él es el Mesías, el Salvador. Que las cosas que proponen son ciertas y que tienen validez o vigencia.

No seguimos un proyecto pasado de moda que trató de responder a una situación de la humanidad y que hoy carece de valor, no hemos puesto la fe en un hombre cualquiera que con una propuesta de amor quiso salvar el mundo. El proyecto necesita de hombres y mujeres convencidos que Jesús es el Señor, que el proyecto vale la pena, que el amor es la solución en cuanto convierte a la misericordia y generosidad y que además seguimos a Dios que ilumina y fortalece nuestro caminar por la tierra.

Somos y nos sabemos parte del proyecto de Dios, del proyecto del Reino.

Confesemos a Cristo Mesías e Hijo de Dios pero que esa confesión venga autenticada con la vida, con el ejemplo. Hay que construir y no solo con palabras sino también con la vida. Seamos personas de poder, revestidas del poder de Dios con las certezas del corazón y de la conciencia que lo que atamos queda atado y lo que desatemos queda suelto. Y no es que seamos Pedro quien guía la vida de la Iglesia, de la comunidad como sí lo es el Papa; pero lo que sí somos es presencia, imagen, bondad de Dios para la humanidad.

Enamorémonos de Jesús, que salga espontáneo del corazón la palabra “tú eres”. Que Jesús pueda en ese amor que sentimos por él confiarnos la Iglesia, a tu hermano y al mío. Que cada uno pueda decir: construyamos porque ya los cimientos están: El amor y la bondad. Ahora pongamos cada uno de nuestra parte siendo los primeros en perdonar, en compartir, en amar.

Por eso como nos dice la oración colecta de este domingo XXI: que nosotros podamos amar lo que Dios manda y desear lo que Él promete porque solo así podremos permanecer alegres y firmes de corazón en medio de las dificultades de la vida.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd