Viernes, diciembre 02, 2016

PARA ESTA SEMANA: AGOSTO 19 DE 2013.

Por fe vivimos con dignidad.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de San José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Un abrazo cargado de bendiciones para la semana que comenzamos y le pido a Dios que sepamos esperar en fe la realización de toda esperanza.

Cuando uno tiene fe, cuando uno vive en fe, cuando uno tiene la plena certeza de la fidelidad, del amor, de la compasión, de la bondad, de la ternura de Dios, seguro que la manera de actuar frente a las dificultades, a las tristezas y a las personas es distinta a los que no tienen fe. Es un ponerse al frente como el Centurión para pedir por otros; un gritar como el ciego del camino, un tocar como la mujer enferma. Tener fe es esperar con paciencia con la profetisa Ana; es saber que cualquier migaja de Dios es lo que basta para sanarnos, para ser felices. Es lanzar las redes a cualquier hora y pescar por que el Señor lo ha dicho.

Los que sabemos que esta vida es pasajera, que tenemos “mañana”, eternidad, cielo, plenitud eterna. Los que sabemos que existe Dios, seguro que actuamos diferente. No perdemos la esperanza, no dejamos la alegría. Sabemos que todo nos ayuda para crecer, para madurar, para no apegarnos a nada. Sabemos que por encima de la alegría o de la tristeza está Dios.

Los que creemos en Dios y esperamos en Él seguro que tenemos una manera concreta de vivir. Y vengan las lluvias y las tormentas Dios seguirá siendo un viento suave, seguirá hablando en el susurro del viento.

Este fin de semana podríamos preguntarnos acerca de la fe de cada uno. Unos días para pensar ¿por qué si nosotros somos creyentes nos derrumbamos ante las adversidades como nos derrumbamos?; ¿por qué nos entristecemos de una manera tal que nos cerramos a la esperanza o nos desesperamos como lo hacemos? Preguntarme ¿por qué yo siendo de fe quiera rendirme ante la adversidad o la falta de amor y querer, muchas veces, no seguir haciendo el bien? Hombres y mujeres de fe queriendo morir o esperando gratitudes de los demás como si las cosas se hicieran para complacer a los demás y no a Dios.

La fe es una manera de vivir. La fe llena la esperanza y la fe nos hace testigos del amor y de la fidelidad de Dios. La fe da libertad y confiere dignidad. Nos hace vivir como hijos de Dios. Como los más importantes y amados sobre la tierra. La fe imprime carácter.

El objeto de la fe es Jesús y solo cuando tengamos una convicción profunda de él podremos dar testimonio de la fe.

La fe nos ayuda a comprender el sentido válido de llevar una vida limpia, sin pecado, sin maldad.

Tomemos conciencia que nos queda mucho por caminar, por hacer, por llegar a la meta. ¡Hay que ponerse en camino! ¡Hay que levantar la mirada, hay que suspirar al cielo, reconocer a Jesús y saber que él nos guía en la fe! Él nos espera.

La fe es luz, la fe es fuerza interior. La fe es la que nos ayuda a vivir en esperanza cada persecución, cada tribulación. Por la fe seremos capaces de resistir los cansancios propios de quien a ratos se siente caminar en tinieblas.

No tengas miedo. “Ten fe”

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd