Domingo, diciembre 04, 2016

PARA ESTA SEMANA: ABRIL 7 DE 2014.

El amor nos hace corredentores y salvadores en Jesús.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Los saludo y le deseo a cada uno una semana de bendiciones y de mucho amor. De ese amor que le da sentido a la cosas que se hacen y que alegra la vida de las personas que comparten nuestros espacios y corazón.

Para comenzar la semana, le hemos pedido al Señor, en la oración colecta del quinto domingo de Cuaresma, que nos conceda vivir en el mismo amor que llevó a Jesús a entregarse a la muerte por la salvación de todos.

El amor nos conduce a metas nobles, el amor mueve la vida pensando en todos, en el bienestar de todos. Al amor no le importa el tener que sacrificarse o darse del todo. El amor marca la manera de vivir, la dirige, la llena de sentido. Solo quien está enamorado sabe que necesita amar más y más para que sea la fuerza del amor la que inspire cada una de las obras y llene cada una de las horas que la existencia permite vivir.

Amar es darse cada segundo, es un irse muriendo y sentir que se está vivo. Es una plenitud cargada de ansiedad que solo quiere estarse con el Amado. Así, con ese amor, nos ama Dios. Así nos ha amado Jesús y así queremos, como Iglesia, poder amar a los demás, hasta la entrega plena y feliz en el que el amor todo lo redima y salve.

Amar es lo nuestro, nuestro corazón está hecho para el amor. El amor nos hace corredentores y salvadores en Jesús por eso hay que vivir en el mismo amor de Jesús para que cuando llegue la persecución, el dolor y hasta la muerte podamos decir: “Padre para esto he venido al mundo” y también: “Padre, ya todo está consumado”. Nos hemos dado hasta el final y hemos amado hasta el extremo.

El amor ha movido al Padre a la redención. El amor ha movido al Hijo de Dios y le ha dado la razón de ser a su entrega incondicional a la humanidad tratando de instaurar un reino nuevo fundado en la justicia y en la paz. Ha sido el amor, el Espíritu de Dios el partícipe en todas las obras de la creación y el que ha posibilitado una unión íntima y eterna entre Dios Padre creador y el ser humano.

En el amor y por el amor el Padre nos ha hecho eternos y en la muerte está el Espíritu resucitándonos. Dios mismo no se perderá en la muerte, el cuerpo deja de ser para darle paso a una realidad que siempre nos ha habitado: La condición espiritual, ese ser íntimo y eterno de cada uno que hace de nosotros seres del cielo, ciudadanos de la patria celestial.

Dios, que no recuerda nuestras culpas porque Él es el origen del perdón, nos ha vivificado en el bautismo y lo nuestro es tratar de agradarle llevando una vida digna del amor que nos ha renovado, reconciliado y salvado.

Vivamos pues en el amor, llevemos una vida conforme a la gracia y amor de Dios tan manifestado en la misericordia y la compasión y que la esperanza siempre conforte cada momento de dolor. Sea la fe la que llene de fuerza y de luz los momentos débiles, de soledad y de oscuridad y sea el amor la fuerza que nos lleve a seguir entregándonos con alegría y libertad.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd