Sábado, diciembre 10, 2016

PARA ESTA SEMANA: ABRIL 13 DE 2015.

La Pascua es también un encuentro que con los propios límites que se rompen.

 

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en el amor que nos tiene sigue siendo el signo que nos acerca al misterio de la misericordia de Dios. Misericordia que quiere llenarnos de fuerza y transformar nuestro corazón para que siendo nosotros también misericordiosos logremos un mundo en paz en el que se reconozca la dignidad del ser humano como amado y llevado a la plenitud en Cristo.El amor y la misericordia de Dios las hemos podido “palpar”, “conocer" en Jesús que siendo el único que ha conocido al Padre nos lo ha revelado y nos ha invitado a convertirnos y a creer en el anuncio del Evangelio que llena el corazón de buenas nuevas. Creer que Jesús es el Cristo es ya de dar un paso que significa apertura al misterio de Dios que se revela al mundo como Dios de amor, de misericordia y de compasión.

Estarse en Cristo es permanecer también en Dios y sumergirse en el misterio mismo del amor. Este nacer en Cristo es por lo tanto nacer al amor. Amor que se hace mandamiento, en cuanto que es lo mismo que creer en Cristo. Jesús es el mandamiento del Padre, nos revela su querer y nos invita a obrar como él mismo obra. Para san Juan es claro que solo el amor es el que salva al mundo y que el que nos amemos o seamos capaces de amarnos depende también de la relación que tengamos con Dios. O en otras palabras el amor es un acto de fe. (cfr. 1Jn 5, 1-6) que implica apertura y acogida a Jesús el Cristo que levantado en la cruz redime el mundo.

En Cristo nos hacemos vencedores, el Espíritu Santo nos fortalece y la sangre derramada en la cruz nos purifica y nos hace nuevos. El misterio de la Pascua nos permite sumergirnos en la muerte de Cristo y también en la vida nueva que nos viene gracias al Espíritu de Cristo resucitado que nos ha enviado desde el Padre.

La experiencia del Resucitado es entonces una experiencia de encuentro con el amor de Dios que vence el mundo, de encuentro con el Espíritu Santo que nos llena de fortaleza y nos da vida en el bautismo y de encuentro con nuestro propios límites que no son ya impedimento para abrirnos al anuncio e invitación a la conversión a Cristo. La pascua es abrirse, salir, cambiar y anunciar pero sobre todo un llenarse del amor de Dios que nos hace capaces del amor al ser humano.

Nunca es tarde para descubrir el amor que hemos recibido y ha llenado el corazón; nunca es tarde para darse y sobre todo para atreverse al amor capaz de perdonar.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd