Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 24 DE 2015.

Ser o no ser de Jesús.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo que lleva los mejores deseos de paz y bien. Un inicio de fin de semana en el que espero que la opción por hacer el bien y por amar vuelva a primar en el corazón y sobre todo en la vida de cada uno.

Ser o no ser de Jesús:

Esta realidad no se da por estar o no estar junto a Él o por caminar o no hacerlo con Él o por haber sido o no llamado por Él mismo. Ser de Jesús es actuar como Él, hablar bien de Él, enseñar, predicar su mensaje. Es hacer las obras de Dios y permitir que Él sea conocido a través de cada uno. El del próximo domingo es un Evangelio para reflexionar acerca de nuestras actitudes y comportamientos frente a los demás y al mismo Dios. (Mc. 9, 38-48) Frente al bien o al mal que hacemos.

No ser ocasión de pecado para la gente sencilla que cree en Jesús, se convierte en un reto, hace parte de ese vivir para los demás, tomar la cruz, renunciar a sí mismo. Hay que cuidar la vida, el testimonio, la palabra. Gente sedienta y hambrienta de Dios necesita Palabra de Dios, amor de Dios y no nuestro pecado; ese se lo dejamos a Dios que todo lo transforma en gracia. Ser de Dios, de Jesús significa reconocer que todos son, todos somos, de Cristo, por eso frente al hermano siempre generosos, siempre dispuestos, siempre coherentes.

Debemos cuidar nuestra fragilidad, sabemos cuál es nuestro punto más débil y por eso no nos dejemos conducir por lo que sabemos que es ocasión de pecado, motivo y razón de nuestras caídas.

Las tentaciones llegan, de hecho vivimos sumergidos en un mar de tentaciones, pero no busquemos las ocasiones; evitemos los espacios, los lugares, las personas, que son ocasión. Hay que hacer sacrificios para no caer, hay que luchar, hay que cortar, arrancar, alejar.

¡Fuerza de voluntad, entereza! El problema no es el ojo, la mano o el pie. El problema es tu falta de esfuerzo, de lucha, de voluntad. La idea es llegar completos al final del camino. No busquemos excusas o pretextos, no digamos que no somos capaces o que ya lo hemos intentando. “Más te vale entrar manco en la vida eterna”.

De hacer el bien todos tenemos la capacidad y la posibilidad pero la decisión siempre se deja a nuestra capacidad de elegir. El que se decide por el bien, por el servicio, por liberar, por perdonar, está ya en el camino del Reino, no está lejos de una experiencia de encuentro con Jesús teniendo presente que Dios habita en el corazón y su expresión al mundo pasa por nuestros labios. Dios amando desde nuestro corazón y ayudando con nuestras mismas manos.

Quien ha optado o tomado la decisión por el bien y por el amor y por los demás no puede luego no reconocer a Jesús como manantial de amor y fuente de todo consuelo.

También puede pasar lo contrario gente que se considera que está cerca de Jesús y que a lo mejor hace parte de los suyos, como nos suele pasar con frecuencia, tomamos opciones o decisiones por el mal en cuanto nos cerramos al amor, al perdón, al servicio. El mismo Dios nos habita pero no siempre somos conscientes de esto y por eso no le dejamos que Él sea el amor desde el que amamos. Nunca la opción de Dios es dejar de obrar o de trabajar por el mundo, el problema está en que muchos de nosotros no le dejamos obrar. Dios existe pero es desde el hombre y en el hombre que el proyecto de la salvación pasa y va adelante.

Por eso hay que tomar conciencia que el pecado es un obstáculo en la realización del Reino; que el pecado escandaliza e impide que el espíritu del bien, del amor, triunfe sobre la miseria e indiferencia. Siempre mejor llegar sin nada al final que con todo con lo que es la causa del pecado.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd