Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 12 DE 2013

De manera especial saludo a los que el fin de semana celebrarán el día del amor y la amistad. Bien saben que los llevo en el corazón y que en cada Padre Nuestro ustedes están presentes.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Un abrazo cargado de bendiciones y mis oraciones para que el fin de semana se convierta en un tiempo de reconciliación para la familia. Una oportunidad que nos regala el Señor para demostrarnos el amor que nos tenemos.

El domingo nos vamos a encontrar con uno de los textos del Evangelio, creo yo, más conocido por la mayoría. Tres parábolas que hablan de la misericordia del Padre, Dios y que por lo tanto se convierten en una invitación a que seamos como Él “misericordiosos”. (Lc. 15, 1-32) Tenemos la parábola de la oveja pérdida que es encontrada por el Pastor y que con alegría la vuelve al rebaño. La parábola de la moneda de plata que se le pierde a una señora y que luego, cuando la encuentra, hace a sus amigas y vecina partícipes de esa felicidad y la parábola del Padre Misericordioso al que el hijo menor le pide la parte de la herencia, se marcha y luego regresa dispuesto a pedir perdón y es recibido con una gran fiesta por su Padre que está feliz por haber recuperado a su hijo con vida.

En cada parábola hay una gran alegría. Se recupera lo perdido, regresa quien se había ido. Alegría de parte de quien encuentra y de quien espera ser encontrado. Se alegra quien ama, quien siente responsabilidad con lo que tiene, quien está comprometido. ¡Se alegra el amor!

Perdonar con amor a quien ha fallado, encontrar y cargar a quien se ha perdido; encontrar y volverle el valor a lo que tu amor hace valioso.

Tres parábolas para la vida. Para los matrimonios que están pasando por dificultades; para las relaciones de familia que solo se basan en gratitudes; parábolas para los que dicen que no perdonan. Parábolas para ti y para mí. Para los que amamos; para los que tienen el corazón herido, para las parejas que piensan separarse por un error, por un pecado, por una infidelidad. Parábolas para los orgullosos y prepotentes, para los que no saben ni entienden del amor cristiano.

El amor sabe esperar, el amor encuentra, el amor carga, el amor perdona. El amor eres tú y el amor soy yo. El amor es la carta de identidad de los cristianos: “en esto los conocerán en el amor que se tienen unos a otros”

Hay una espera que se vuelve búsqueda en el horizonte y hay búsquedas que se vuelven espera. Esperas cargadas de ilusión y búsquedas cargadas de ansiedad. Esas ansiedades propias del amor cuando está ausente o se ha dejado llenar de lejanía. Ese amor que estando presente se ausenta y en silencio va matando el ser amado, ausencia y silencio que hieren.

En las parábolas vemos que hay un sentimiento de amor, de bondad. Cuando soy importante y me pierdo no se me abandona; se sale a mi encuentro, me buscan, porque soy importante, porque valgo en tu amor. Si me amas me valoras.

Cuando tengo valor para alguien y me pierdo, se me busca y hay alegría cuando soy encontrado. Cuando soy amado se me respeta la libertad, se me da la oportunidad de salir, de abrir caminos, así esto sea doloroso para quien me ama. Pero sabiendo mi fragilidad y lo que dejo se me espera. Y se me espera con ilusión, con amor.

Puede esto suscitar envidias, comentarios. Muchos dirán “no es justo”, otro preferirán la justicia a la misericordia así el dolor invada el corazón. Ser como Dios misericordioso te trae paz y alegría. Te hace libre.

Qué gran reto. Quien me ama me busca, quien me ama me espera, quien me ama me perdona y me regala un abrazo.

La Salvación, que es el mayor regalo de Dios y que nosotros podemos también hacer a quien nos falla, llena de gozo a quien perdona y a quien es perdonado. Ser encontrado perdido es un rescate; ser besado y abrazado sucio por el pecado es una bendición. Son detalles que quien ama entiende. En el fondo solo el amor es el que mueve a la compasión, el amor quiere la vida, la alegría, la seguridad del ser amado. El amor no margina sino que restaura al ser en la integridad del ser.

Para terminar leamos a santa Teresita:

“Si es necesario ser muy puro para presentarse ante Dios de toda santidad, ya sé yo que es también infinitamente justo y esta justicia que aterra a tantas almas, es el motivo de mi alegría y de mi confianza. Ser justo no es tan solo demostrar severidad con los culpables; es así mismo, reconocer las intenciones buenas y premiar la virtud. Yo espero tanto de la justicia de Dios como de su misericordia” (Cta. 226)

“¡Qué dulce alegría pensar que Dios es justo!; es decir, que tiene en cuenta nuestras debilidades, que conoce perfectamente la debilidad de nuestra naturaleza. Siendo así, ¿de qué voy a tener miedo? El Dios infinitamente justo, que se dignó perdonar con tanta bondad todas las culpas del hijo prodigo, ¿no va a ser justo también conmigo, que estoy siempre con él?” (Manuscrito A, 84r)

Y que no se nos llene la vida de amargura como al hijo mayor de la parábola por no saber amar.

 

Con mi bendición:

 

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd