Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 19 DE 2013.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Que en el abrazo que les mando reciban también el ánimo y la esperanza que necesitan para seguir luchando y entregando lo mejor. Somos administradores de los bienes de Dios, tenemos sus dones, su Espíritu y su amor para ser capaces del bien, de la entrega, del perdón y del servicio. Estamos invitados a seguir construyendo el reino instaurado por Jesús.

El Evangelio de Lucas (16, 1-13) nos invita a que como administradores, seamos coherentes y fieles con todo lo que se nos ha encomendado. Todos, algún día, seremos llamados a rendir cuentas y espero, de todo corazón, que la pregunta que se te haga no sea aquella misma que le hizo el rico a su administrador:

“¿Qué hay de cierto en lo que me informan de ti?,” “¿es cierto lo que me han dicho de ti?”

Es una pregunta directa de Jesús para ti y para mí. Es la constatación de la incoherencia entre lo que aparentamos y lo que realmente somos.

Lo que piensan los demás de nosotros es importante porque muchas veces refleja nuestra manera de actuar. Se pueden evidenciar muchas injusticias que cometemos, a lo mejor sin darnos cuenta, a los demás. Por eso “si alguien tiene alguna queja en contra tuya antes de poner tu ofrenda en el altar ve y reconcíliate”

Estos versículos del Evangelio nos llevan a cuestionarnos hasta dónde nosotros somos personas de fiar. Si somos de confiar o actuamos de buena o mala fe. ¿Merecemos la confianza de parte de Dios?, ¿usaremos los dones y los talentos para hacer el mal?

“¿Es cierto lo que me han dicho de ti?”

Pregunta, creo que a muchos nos la han hecho. Y es que no se entiende de dónde nosotros podemos “sacar” el mal que hacemos. La invitación es a que nosotros no sigamos “sorprendiendo” a los que nos tienen confianza haciendo las cosas que no debemos hacer y después negándolas. Hoy Jesús nos hace un llamado a la verdad, a la confianza. Hay mucho por hacer y somos importantes en este proyecto de Dios que es el reino pero no nos excluyamos por tener una vida basada en la mentira, en la infidelidad, en la opresión.

No podemos darnos el lujo de aprovecharnos de la debilidad del otro o del cargo que tenemos para hacer de nuestra vida una mentira y de la vida de los demás una miseria. Tenemos el mismo origen, somos amados por el mismo Padre y Dios, de cada uno, espera lo mejor desde la situación de vida que se lleva.

El tema no es la astucia de los mentirosos o de los ladrones, de los que hacen el mal; hijos de las tinieblas, sino la confiabilidad que podemos generar en las personas y en el mismo Dios. ¿Qué tipo de personas hemos elegido ser frente a las otras personas y a las cosas que se nos han encomendado?

Y es que todos tenemos mucho para dar, para servir. Todos tenemos posibilidades para hacerles la vida agradable a los demás. Todos somos seres capaces de justicia, de respeto, de servicio porque al fin de cuentas todos somos amor, todos tenemos de Dios su humanidad con la que el mundo es rescatado.

Somos astutos, inteligentes, grandes. Tú eliges qué hacer. Siempre hay alguien que necesita lo que tienes. Siempre hay alguien que espera de ti. Y ten la seguridad que ese “alguien” en gratitud y en amor será quien premie tu generosidad en la eternidad porque ese será quien diga de ti al Padre. “tuve hambre y me dio de comer, tuve sed y me dio de beber, estuve en la cárcel y enfermo y me visitó”

No hay que ser injustos, es decir, no hay que olvidarse de los pobres y en éstos de Dios.

Los injustos le sirven al dinero; viven para sí y se olvidan de compartir con amor. Se olvidan de entregar sus vidas a Dios en los más necesitados.

Los injustos acaban “apoyados” en el dinero en lugar de tener como punto de apoyo el amor que garantiza la paz y la eternidad.

Apoyarse en los débiles es apoyarse en Dios, es signo de confianza y de abandono; apoyarse en el dinero es apoyarse en sí mismo y es signo de egoísmo y de prepotencia. Y ahí… no cabe Dios. Ese espacio está lleno de algo efímero: nosotros mismos.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd