Sábado, diciembre 10, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 18 DE 2014.

Dios no se queda con nada.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo y mis mejores deseos para el fin de semana que se acerca. Que la celebración de amor y amistad en Colombia llene de gozo y de esperanza a las personas que se han alejado de sus amigos y seres queridos. Que el amor se llene de alegría y la amistad se viva siempre en la esperanza cierta que un amigo es un tesoro.

Este domingo nos encontraremos con el texto del Evangelio de san Mateo (20, 1-16) Y caeremos en la cuenta que el Señor sigue tomando las iniciativas frente a nuestra situación con respecto al proyecto del Reino. El Señor sale, la viña nos espera. El Señor nos invita a trabajar en su viña, en su proyecto; necesita de nosotros y por eso sale a buscarnos, sale a encontrarnos. Y nos necesita porque quiere que la viña produzca más frutos y que con el trabajar nos apropiemos de ella. La hagamos productiva, rica. El tesoro de uno para todos. Con nosotros allí está protegida.

El Señor, que es el propietario, sale siempre; a todas horas. Nos invita, le podemos ayudar a cualquier hora, lo que hagamos por la viña tendrá su paga justa, su recompensa.

El Evangelista nos habla que cuando estamos en la viña, tenemos la tendencia de esperar más, nos vamos llenando de ambiciones y de “derechos” frente al Señor y esto se agudiza cuando creemos que hemos trabajado más que los demás o que hemos hecho más que los demás.

He conocido a mucha gente disgustada con Dios por esa razón. El estar pendientes de lo que pasa en la vida de los demás, el querer saber si Dios castigará a los malos y premiará a los buenos, si dará más a los que practican y poco o nada a los alejados. Si habrá cielo para el justo e infierno para el pecador. Esas y otras tantas cosas preocupan a muchos, cuando lo nuestro es o debería ser, hacer los que tenemos qué hacer, servir en lo que nos sea posible, dar independientemente a que se nos agradezca o no.

Lo nuestro, una vez invitados, encontrados, contratados por el Señor es hacer el bien, trabajar la jornada. De la paga justa se encargará el Señor.

A muchas personas les encanta reclamar al Señor, pasarle cuenta de cobro por la cosas buenas que hacen.

Ten la seguridad que Dios es justo y a cada uno encuentra a lo largo de la jornada. Hay que dejarle ser libre en su actuar porque ni tu ni yo sabemos la necesidad del otro, el por qué con unos actúa de una forma y con otros de otra.

Preocupemos por vivir, por acoger el llamado, por trabajar. La recompensa vendrá y podremos satisfacer las necesidades que tenemos, Dios no se queda con nada. Dios no es amigo de debernos, la cuenta con Él está saldada.

Tengamos cuidado de irnos a desanimar o desalentar del Señor y mucho menos vayamos a llenar el corazón de rencor porque Dios es bueno.

Aprendamos también, de alguna manera a ser independientes de Dios. Ya somos maduros, ya conocemos las necesidades de la viña. Dejemos que Dios sea Dios y no estemos como personas celosas o envidiosas dejando de dar porque no nos parece justo el proceder de Dios. Siempre has de vivir con una convicción: eres importante en el proyecto de Dios con los hombres. Por eso no te niegues, ve y no seas interesado o pretendas ser ventajoso. No llenemos el corazón de rabia que eso desenamora de Dios.

Él no ha sido injusto. Ha sido compasivo. Él no ha sido rencoroso. Ha sido amoroso. Él no te desprecia. Te llama a su servicio. Él no es injusto. Y… demos gracias porque al llamarnos temprano, a la primera hora, le hemos podido conocer, amar y disfrutar más. Le hemos devuelto con alegría y sacrificio aquello que nos ha hecho capaces de responder.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd