Martes, diciembre 06, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: OCTUBRE 8 DE 2015.

Siempre dispuestos, siempre generosos.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que nos mira con amor y nos llama a ser capaces de dejarlo todo para vivir la aventura de la fe realmente al servicio de los demás y en la providencia de Dios. Saber confiar y esperar de Dios cuando se es humilde y generoso hace parte de la vida que se entrega a plenitud y en la que se gana la paz y la felicidad que anticipan la eternidad y hacen de la tierra un cielo.

Salvar es de Dios:

Salvarse no es una meta, salvarse es entender que Dios en su amor todo lo hace por nosotros. Que sabernos amados es ya un principio de salvación y acercarse con confianza al Padre compasivo y misericordioso, es ya vivir a plenitud de haber sido, por amor y en el amor, salvados. Para Dios perdonarnos, tratarnos con misericordia, salvarnos, es su responsabilidad. Jamás quien nos hizo en el amor dejará de amarnos. Él es fiel y sigue queriendo la plenitud del mundo en justicia y amor.

Dios siempre proyectó al ser humano a mirar un poco más allá de sus propias ambiciones. Podemos ser buenos pero estar tan apegados a las cosas que nuestra bondad solo se limite el respeto y al no hacer daño al prójimo y sin darnos cuenta vivir un mundo en el que encerrados en nosotros ignoramos la necesidad de los que nos rodean. (Cfr. Mc.10, 17-27).

Más allá de no matar, de no comente adulterio, de no mentir y de honrar padre y madre está el sentirse parte de un proyecto de Dios en el que los demás cuentan y son importantes, tanto es así que Jesús nos reta a dejarlo todo y contribuir un poco a aliviar las penas y necesidades de los otros y ponernos a su servicio, al servicio del Reino para que proclamemos el año de gracia e invitemos a la conversión.

Siempre ligeros, siempre dispuestos, siempre generosos. Salvarse es de Dios pero vivir salvados es de nosotros. Le decimos sí al plan de Dios cuando somos capaces de reconocer que la fe se traduce en obras, de lo contrario todo será una religión de no hacer y obras quiere también el Señor. Para estar con Jesús y trabajando en el proyecto de su Reino hay que estar disponibles y atreverse a dejar lo que nos genera tanta inquietud y nos hace poner tristes.

La confianza debe ser puesta en Dios no en las cosas materiales, no en el dinero. Dejar las cosas para vivir solo en Dios es ganarlo todo. Las riquezas comparadas a la vida en Dios son insignificantes. Dando puedo ganar mucho. Dios es la mejor inversión y la ganancia será el Reino. A Jesús se le sigue sin nada, sin cosas materiales pero con la satisfacción de haber hecho algo por los demás. Que nada nos ate, que nada nos impida caminar, que nada se oponga al seguimiento de Jesús y a ir libres por el mundo anunciando el Evangelio.

Cuando dejamos las cosas por Dios, en el fondo no estamos dejando nada, estamos es adquiriendo una nueva familia; el mundo entero pasa a ser nuestra propiedad y la vida eterna nuestro patrimonio. Dejar por Dios es adquirir, es ganarse a cada uno de los hermanos para el mundo y para que trabajen por la justicia y por la paz.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd