Sábado, diciembre 03, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: OCTUBRE 16 DE 2014.

Que el que caiga no se haga daño.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que nos invita a un compromiso real con el mundo y la cultura en la que vivimos. Dios nos colme de bendiciones en este fin de semana y que cada compartir con los seres queridos nos ayude a crecer más y más en el amor y en la fidelidad.

Qué bueno sería que a partir del texto que nos encontraremos el domingo (Mt. 22, 15-21) cada uno de nosotros cayera en cuenta que tenemos prejuicios frente a personas y que desde éstos podemos generar mucho mal. Los prejuicios nos cierran y no permiten darnos la oportunidad de conocer a los demás tal y como son. Los prejuicios son un lente peligroso desde el cual muchos miramos lo que creemos que ya hemos visto.

Nos metemos ideas en la cabeza, frente a los otros, hasta de los seres queridos, que nos hacen malos y hasta somos capaces de hacer todo para que quien no queremos o nos cae mal o no está según nuestros conceptos y maneras de vivir, desaparezca.

Buscar la manera de hacer caer a los demás, hacer evidente la falta o su pecado. Hacer que los demás piensen mal de los demás. Esa campaña de desprestigio a partir de la calumnia y de las propias locuras, hacen mal. Acaban matando a las personas.

Los juicios temerarios que solo responden a un deseo de hacer mal; ese siempre pensar mal de la otra persona. Son cosas que debemos cuidar, dejar, no manifestar. Porque en la expresión de cada cosa solo hay una manifestación de lo que realmente hay en el corazón. Esa maldad que brota de lo íntimo y que acaba destruyendo las vidas de tantas personas.

No dejes que el corazón se llene de cosas que no son de amor y recuerda que del corazón hablan los labios.

Jesús siempre mira la intencionalidad de nuestros actos. Lo que queremos realmente alcanzar cuando lanzamos algo, cuando decimos algo, cuando comentamos algo. La intención de las cosas, de dónde vienen y a dónde pretendemos que lleguen. Eso es lo que el corazón guarda y hace al ser humano pecador.

Hay gente buena, independientemente que les queramos o no. Hay gente que tiene sus principios, su misión en el mundo así sean contrarios a nosotros. A esa gente hay que acercarse, no matarla. A esa gente hay que escucharla y no imponerse. Hay cosas que se logran desde el corazón y no solo desde la razón.

Las supremas verdades, las eternas verdades. Las verdades hay que respetarlas pero ten presente que esas verdades tienen formas, contextos, razones. La verdad debe recogerse porque es una y no seguir dispersándose para que sea tan débil que pierda su fuerza y su valor en la humanidad.

A cada uno hay que darle lo propio. Lo que le pertenece. Mientras vivimos en el mundo aunque no seamos de él, debemos darle lo que es de Dios a Dios y a los hombres lo que les corresponde. No es que caigan los contrarios de mala manera, es procurar que cuando caigan no se hagan daño ni lo hagan.

Jesús no les siguió el juego a los que no le aceptaron ni le quisieron. Él siguió su camino, dando a las cosas su relativo y especial valor. Él sabía a lo que había venido y fue fiel al proyecto de amor del Padre hasta en la misma muerte.

Con el corazón conquistamos por eso mantén el corazón unido a Dios, que tu lente sea el mirar de Dios y que tu pensar haya tomado siempre la opción de la bondad.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd