Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: OCTUBRE 10 DE 2013.

La gratitud debe nacer en el corazón y manifiesta la grandeza del ser.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien para el fin de semana. Los invito a que lo llenemos de gestos de amor y gratitud y con eso también damos testimonio de la alegría que hay en el corazón por la entrega y el servicio de los demás.

Los leprosos, de los que nos hablará la Palabra el próximo domingo (Lc.17, 11-19) tienen la fe y reconocen a Jesús como quien les puede servir y ayudar, de lo contrario no le hubieran pedido que tuviera misericordia y los sanara de su enfermedad.

Jesús tiene el poder, el amor, la fuerza que transforma la realidad de dolor en alegría, la de tristeza en esperanza. Jesús colma nuestra vida. Pero debes gritar, pero debes decirlo, debes pedir ayuda. La decisión de cambiar, de confiar, de acoger el amor, siempre ha sido y será tuya. Acercarse con fe a Jesús cambia la vida.

Solo uno de los leprosos regresa para darle gracias a Jesús:

La gratitud, que para mí es un don divino, es el reconocimiento que hacemos a las personas por los detalles que tienen para con nosotros, detalles que nacen del corazón. La gratitud también debe nacer del corazón. En el fondo somos dependientes unos de otros y en la gratitud reconocemos nuestra dependencia de los demás. Somos parte de un todo, de un cuerpo y nos necesitamos.

Nosotros deberíamos tener por principio no esperar “las gracias” o la gratitud de las personas. Eso nos hará libres en el obrar y hacer el bien, porque no son “las gracias” las que mueven nuestra bondad ni generosidad; si hacemos las cosas es por altruismo, por amor; por el don divino que nos llena el corazón al sentir que las otras personas no tiene necesidad de carecer o necesitar si les podemos ayudar, si tenemos lo que necesitan. Y la idea es que esto lo podamos hacer antes de que las otras personas nos lo pidan. Ir siempre adelante en generosidad y entrega.

Yo necesito lo que tú tienes, dame lo que tienes aunque de ante mano sepas que no te lo agradeceré.

Ten la certeza que Dios agradecerá todo lo que hagas por salvar, por ayudar a los demás. Esa es la dinámica en la vida de fe. Y al fin de cuentas quien da un vaso de agua a un discípulo por ser discípulo se lo ha dado al mismo Jesús.

Como personas enriquecidas por Dios; como hombres y mujeres capaces de servir, de darnos; capaces de dar y recibir gratitudes, estamos siendo invitados a abrir horizontes y descubrir que mucha gente que está excluida de la sociedad necesita de nuestra riqueza, de nuestra comprensión.

Muchas personas, por sus comportamientos, por sus enfermedades, por sus realidades, están en los caminos suplicando, gritando, esperando la misericordia.

Hemos estado también tú yo. Y Dios que es misericordioso, nos saca de nuestras exclusiones. Dios, al pasar por nuestras vidas nos reta y nos habla de ponernos en camino, ir a presentarnos a quien nos ha descalificado o puede juzgar para bien o para mal. Dios nos pide que nos hagamos creíbles.

Y ponerse en camino, aceptando los retos de Dios y haciéndose creíble deben hacerlo muchos cónyuges; deben hacerlo muchos hijos, muchos hermanos, muchos sacerdotes. Lo debe hacer la Iglesia y el mundo: sacar de las exclusiones y permitir que nos presentemos de nuevo.

Que los demás puedan garantizar que si habíamos pecado hoy hemos vuelto y somos capaces de dar gracias porque en cada gesto de amor, en cada mirada con amor, en cada palabra llena de ternura nos dieron la oportunidad de volver al camino, a la casa, a la Iglesia, a los amigos.

Es una dinámica doble. Yo me presento y tú te presentas. Nos aceptamos mutuamente, nos damos la oportunidad. Tú que me perdonas y yo que acepto ser hombre nuevo en tu amor y en tu perdón.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd