Viernes, diciembre 09, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: NOVIEMBRE 7 DE 2013.

La resurrección es la fuerza que da sentido a la esperanza

 

 Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bendición y le pido a Dios que este fin de semana sea otra ocasión para encontrarnos en familia y sentir que unidos podemos luchar por hacer de nuestras vidas un espacio de reconciliación. Fin de semana para compartir en el amor que nos tenemos y nos ayuda a encontrar sentido a lo que vamos realizando.

 El próximo domingo Lucas nos habla de un tema que es central en la fe de los cristianos: la resurrección y nos presenta a Jesús afirmando que Dios es de vivos y de muertos. Nuestra vida y eternidad son regalos de Él (Lc. 20, 27-38)  La vida futura así como la resurrección, nos aparecen como gracia de Dios. Es algo que nace de su bondad, de su fidelidad. ¡Qué bueno e interesante para muchas personas, saber que no somos desechables!, que en cada uno está la semilla de la eternidad y que desde ahora tenemos la certeza que en el amor y en la bondad de Dios nosotros no morimos. Somos mucho más que un final, somos un presente en el que se escribe la historia eterna. No nacimos para la muerte sino para dar lo que desde siempre hemos tenido: Amor. Hemos venido a dar la vida. La vida que se gasta segundo a segundo; esta vida que no tiene edad ni mañana; vida en la que tenemos el hoy, el presente con el que vamos escribiendo el mañana que llegará como un eterno hoy.

 Tenemos la vida y la resurrección. Existe en cada uno el ser espiritual que se manifiesta plenamente después de la muerte. Podemos decir que aquí somos seres carnales movidos por el espíritu y por esa razón llamados encontrar y a vivir la dimensión espiritual que también nos pertenece y por eso debemos hacer todos los esfuerzos para adentrarnos, para hacernos íntimos. Y una vez que resucitamos podemos decir que somos seres espirituales que ayudamos, estando y siendo en Dios, a los mortales en su encuentro con la eternidad que se puede hacer vida en la tierra. Esos que san Pablo dijo: se dejan conducir por el Espíritu y hacen las obras del Espíritu.

 Resucitar es vivir en Dios, no es un tomar de nuevo carne para purificarse o para cerrar ciclos que por distintas razones quedaron abiertos. Nosotros contamos con la misericordia de Dios, con la posibilidad de convertirnos, con la Palabra que hecha carne orientó nuestras vidas al bien y a la justicia.  La muerte debemos entenderla como el proceso de gestación que nos permite dejar el cuerpo para revestirnos de gloria, para tener el cuerpo de la gloria, de la inmortalidad, del espíritu.

 Resucitar es estarse con Dios; Resucitar es vivir en Dios, volver a la esencia, al principio, al origen. En Dios hemos existido desde siempre; hemos venido a esta tierra con un proyecto de salvación, a imprimir con un sello de santidad la creación. Ojalá todos sacáramos el tiempo para descubrir el designio de santidad al que hemos sido llamados, tuviéramos la conciencia de saber que nuestra misión es llenar este mundo de amor, descubrir que somos de Dios, que existimos en Dios, que vivimos en Dios. Esto hará que la vida sea donación, entrega, servicio. Dios haciéndose presente en lo que hacemos. ¡Un mundo lleno de Dios!

 Jesús nos enseñó hasta dónde es capaz de llegar el amor, lo que puede costar la entrega al servicio de la humidad; lo que significa el valor de la fidelidad y por eso es que en Jesús nosotros tenemos la redención, la salvación. Él es el principio de toda vida que se hace eterna.

 La muerte es la puerta del camino que nos conduce a Dios, a la eternidad. Es paso necesario para el encuentro con Él.  La resurrección se convierte en la fuerza que nos hace falta para darle sentido a los momentos en los que el amor se hace sufrimiento, la fidelidad de hace sufrimiento, la entrega se hace sufrimiento. La resurrección le da sentido y sabor a la esperanza y lo importante no es que las cosas salgan como las queremos o pensamos sino el sentido con el que las realizamos. La esperanza es el sentido, que movido por la eternidad, da sabor a las obras que hacemos.

 Con mi bendición:

 P. Jaime Alberto Palacio González, ocd