Sábado, diciembre 10, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: NOVIEMBRE 28 DE 2013.

Esta vez quiero ser yo el encontrado, el sanado, el perdonado.


Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Para cada uno mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien.

El próximo domingo estaremos comenzando un nuevo año litúrgico con el tiempo del Adviento, que nos prepara a su vez para un tiempo especial que nos recuerda el misterio del amor de Dios que se hace palpable en su Hijo Jesús como es la Navidad. Pero también el Adviento nos recuerda que el Señor ha prometido volver.

Adviento celebra el ya y el ahora del misterio de Dios que se hizo, hace y se hará presente y nos lleva a que vaciemos el corazón de toda tiniebla, oscuridad, pecado para que Jesús, que ha venido a iluminar, llene de claridad la vida y la creación sometida al pecado por causa nuestra.

El Adviento también nos invita a estar atentos, preparados y sobre todo dispuestos para la venida definitiva del Señor. Realidad que se conserva en el misterio amoroso del Padre, solamente Él sabe el día y la hora. Pero lo que sí es seguro es que el Señor llegará en medio de la cotidianidad, de lo normal de la vida.

Llegará no en la tragedia ni en el dolor sino en la realidad que cada uno está viviendo.

Él nos irá llamando. Por eso hay que estar atentos y vigilantes. Haciendo lo que tenemos que hacer lo mejor posible y con todo el amor. Amando, siendo sencillos y humildes. Tratando de ser generosos y amables con las personas.

Hay que velar, hay que cuidar el día y la noche porque cuando menos lo pensemos llegará el Hijo del hombre. El final se vive en el presente. Hoy será nuestro mañana.

El Adviento nos invita a un estilo de vida concreto de liberación constante. De ponernos siempre en camino hacia Dios que llega a confiarnos una tarea: la construcción del Reino, por eso hay que estar vigilantes: atentos a las necesidades de los demás, cerrando los círculos del mal, protegiendo la vida y la experiencia de la fe.

Estar en vela es estar despiertos no podemos seguir en la vida tan pasivos, sin darnos cuenta de la realidad que nos rodea, de todas las cosas que podemos ayudar a construir y de las que debemos cambiar. Dios todo lo dispone para el bien pero somos nosotros los que debemos aportar el bien al mundo, somos los llamados a ser santos y perfectos como el Padre lo es.

El Adviento nos invita a luchar contra de la resignación, de ese “así soy y no puedo”. Nos invita a soñar de nuevo con un amor que todo lo renueva, lo perdona: el amor de Dios. Nos invita a encontrarnos, aún en medio del dolor o de la tristeza, con la esperanza. Dios quiere caminar, Dios viene a nuestro encuentro, Jesús regresa y que sea esta vez yo el que sea encontrado, sea sanado, sea perdonado y sobre todo llamado para ponerme al servicio del Reino.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd