Sábado, diciembre 10, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: NOVIEMBRE 21 DE 2013.

“Este es el Rey de los judíos”

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo, reciban un fuerte abrazo con los mejores deseos de paz en el Señor Jesús, nuestro Rey, que en la gloria del Padre sigue entregando su vida por nuestra salvación.

Llegamos al final del año litúrgico y celebramos la solemnidad de Cristo Rey del universo. Al final del año estamos invitados a mirar de nuevo el misterio de la crucifixión del Señor para que juntos, como Iglesia, renovemos la fe y seamos capaces de vivir a plenitud el misterio de la salvación. Somos nuevos en Cristo, somos redimidos en la sangre de Cristo, somos pueblo que espera la eternidad en Cristo. Hay que vivir, hay que actuar conforme a lo que somos: salvados, amados y partes fundamental de un reino que Dios en Cristo está construyendo para que nadie se pierda y todos nos salvemos por el amor que nos tenemos y podemos tener los unos por los otros.

Una gran realidad nos revela la Palabra de este domingo de Cristo Rey y es que nos hemos acostumbrado a mirar y a vivir tanto de las apariencias que acabamos ignorando el ser de las personas, su dignidad y lo que realmente son y significan en el plano de la fe y en el proyecto de la salvación.

Con mucha rapidez juzgamos a las personas, nos burlamos de sus dolores y sus sufrimientos y hasta acabamos dudando de sus propias capacidades. Eso pasó en el tiempo de Jesús. Los que le habían apostado a no creerle, los que habían optado por destruirlo, por matarlo, se burlaban de él. Eso nos pasa a nosotros cuando decidimos odiar o despreciar a las personas. Tendemos a acabar, con los que no comparten nuestros principios de vida y de fe. Lo diferente, lo distinto no hay que destruirlo, hay que aprender a integrarlo en el misterio del amor.

No juzguemos a las personas cuando no entendamos la profundidad de sus actos. En la muerte en cruz Jesús se entregaba en plenitud y fidelidad a su Padre para alcanzar para nosotros el perdón de los pecados y ese acto tan sublime y tan del amor fue motivo de burla y de escándalo para los que tomaron la decisión de no creer en Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios.

Cristo es Rey del universo y no porque puede leerse en un letrero que le colocaron en la cruz sino porque la cruz significó el acto más noble de entrega por amor a las personas.

Jesús es Rey del universo por su doctrina, por sus Palabras de vida eterna. Es Rey porque nos trató con respeto, con dignidad. No vino a juzgar sino a dar la vida por todos. No vino a condenar sino a mostrarnos el camino del amor, del servicio.

Jesús es el Rey de un Reino que se va construyendo desde la nobleza, la dignidad, la entrega y la fidelidad de los que toman la decisión de seguirlo, de tomar la cruz y de amar hasta el final en fidelidad.

Para Jesús reinar es servir. Jesús quiere reinar desde la cruz y no desde el poder. Jesús es de los que para hacerse Rey no tiraniza sino que se hace parte del corazón de las personas. Se hace Rey para ponerse a su servicio, para darse con generosidad y para que cada uno tenga la medida que le corresponde.

Como conclusión debemos entender que en los momentos de humillación es donde mostramos realmente nuestro ser y lo que mueve nuestro actuar. En la humillación, en las situaciones límites, es donde cada uno de nosotros está llamado a dar testimonio no solo de su fe sino también de sus convicciones más profundas, de lo que ha movido y le ha dado sentido a la vida.

El Padre es la razón de ser de Jesús. Es el Padre el que le ha confiado la misión de reconciliar a la humanidad y salvarnos. Que en Jesús se forme una comunidad de amor capaz de acabar con las guerras y la desigualdad.

Jesús Rey colme todas nuestras ansias de amor y que como él seamos capaces de vivir en fidelidad hasta la muerte misma sabiendo que el amor es el que salva a la humanidad.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd