Sábado, diciembre 03, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: NOVIEMBRE 14 DE 2013.

Al mejor estilo de Dios

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo, ya próximos a terminar el año y litúrgico y una semana antes del fiesta de Cristo Rey, los saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en su amor siempre nos acoge con misericordia.

El Evangelio del próximo domingo nos habla de un final (Lc. 21, 5-19) en el que estamos invitados a ser fuertes y perseverantes, a vivir en fe cada cosa que va sucediendo y a no perder la esperanza de encontrarnos con el Señor. El final Jesús lo convierte en el momento salvífico porque será justo ahí en dónde el Padre mostrará su amor y misericordia para con aquellos que han sabido vivir con sencillez, humildad y han mantenido su corazón libre de la maldad. El final no es pérdida ni derrota, es encuentro de amor para quien ha cultivado amor, encuentro de perdón para quien ha perdonado y encuentro eterno para quien ha hecho de su vida una eternidad.

El Evangelio que nos encontraremos el domingo nos enseña que cualquier momento es oportuno para dar testimonio de Jesús y que los tiempos recios, cuando cae la tormenta sobre nuestras vidas, son los que más necesitan de la fe, la constancia, la valentía, la esperanza para enfrentar las realidades ordinarias y extraordinarias. La vida es para cimentarla sobre La Roca que es Cristo y el momento final es para resistir los vientos fuertes de la duda y de los miedos que nos acechan.

Los momentos difíciles son también una oportunidad para profesar la fe, para testimoniarla. En la manera como afrontamos la dificultad podemos seguir construyendo una historia de fe que nos confortará, nos ayudará a tomar las mejores decisiones y lograremos mantener la paz del corazón que hace a las personas sabias y prudentes.

Saber, entender y creer que Dios nos dará palabras para los momentos que necesitamos defendernos; saber que Él será nuestra defensa cuando nos persigan, nos calumnien, nos engañen. Saber que Él es el único fiel y que no nos desamparará en los momentos más tristes y difíciles, todo esto se llama fe. Y será la certeza para poder luchar con entereza. Los valores, los principios, las convicciones hay que defenderlos porque lo que hay en el corazón de bien es el motor que hará posible un mundo mejor y más justo. Será ese toque especial de cielo y eternidad que los cristianos le podemos dar al mundo.

No nos preocupemos por el final. La preocupación debe seguir siendo la vida y la oportunidad que tenemos en la misma para dar testimonio.

Los soberbios y los malvados serán la leña cuando se encienda la ira del Señor, de ellos no quedará nada (Ml 3, 19-20) serán las personas “sin eternidad”. Y es que, los soberbios y malvados todo lo tienen a precio tan bajo que inclusive sus vidas pierde todo “el valor” y dignidad. Se hacen indignos y abominables por sus comportamientos.

Para los que honran el nombre de Dios está el sol de su justicia que los ilumina. Pero justicia de Dios no es que lo tengamos todo, que no suframos. La justicia de Dios es Él mismo, su presencia. Su eternidad.

Me quedo pensando mucho si en mi corazón hay soberbia o maldad. Hasta dónde yo de verdad estoy llamado a vivir de una manera más coherente mi ser de Dios, de cristiano, y es que nada más contrario al ser de Dios que el ser del soberbio. Dios es amor y bondad y ternura y generosidad. Soberbia es tan igual al egoísmo, a esa incapacidad de reconocer en los demás a Jesús. La soberbia que se convierte en rechazo, en manipulación, en explotación de los demás. Ese sentimiento que tiene que ver con el encerrarse, con la prepotencia de los que se creen los amos de la verdad pero que solo se buscan así mismos.

Los invito a ser fuertes, perseverantes, humildes y sencillos al mejor estilo de Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd