Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: MAYO 22 DE 2014.

Jesús llena de vida la vida, de presencia la ausencia. Nos ama

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz para este fin de semana en la estamos siendo invitados a tomar con seriedad la posibilidad, en Colombia, de ejercer el voto y de elegir los gobernantes que creemos merecer. Y también un fin de semana para tratar de llenar el corazón de esperanza y de amor y así sentir que en Cristo todo lo podemos.

El Evangelio del próximo domingo (Jn. 14, 15-21) se convierte en una invitación para que nosotros lleguemos a entender algo que en la vida práctica es lógico aunque en la teoría a muchas personas les molesta o les cuesta entender: Cuando uno ama está en la capacidad de “someterse” al ser amado. Poco a poco la voluntad se va fundiendo de tal manera que nuestra vida se convierte en un complacer al ser amado, lo que nos lleva a vivir los dos para cada uno siendo siempre los dos y fundiéndose en uno solo. Crezco en la medida que me entrego y crezco en la medida que recibo. Ya somos dos habitando en un solo corazón en donde yo vivo en el tuyo y tú en el mío.

Todos, en cualquier relación y sobre todo si es de amor, tenemos principios que se van normatizando de tal manera que se vuelven costumbre. Es el hábito mismo de amar. Nos acoplamos tanto a la persona amada que casi acabamos viviendo su misma vida. El amor nos asemeja al ser amado.

Para Jesús estaba claro, en la relación con sus discípulos que: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”

El que nos ha amado, ante su partida, nos pide coherencia, cumplir los mandamientos. Eso significa de nuestra parte poner en práctica todo lo que él ha enseñado. Y como el que ama, no quiere generar tristeza, se nos ha quedado para siempre en cada uno.

El Espíritu Santo será quien nos consuele mientras Jesús regresa. Pero también hay una fusión tan profunda en el amor que nos tiene Jesús con el que nosotros le tenemos que nunca nos sentiremos solos porque Ellos, la Trinidad, nos habita y nos da vida, se nos hace el encontradizo en el corazón, en la Palabra, en los sacramentos.

Jesús llena de vida la vida, llena de esperanza la angustia y la tristeza, llena de presencia la ausencia, llena de amor el corazón. Por eso hay que acercarse, enamorarse más y más de él y mostrarle al mundo, en el cumplimiento de su voluntad, que somos mucho más que polvo, que cenizas, que cuerpo. Mostrarle al mundo que somos amados, eternamente amados, que somos parte y presencia de Dios, que aspiramos a la eternidad. Y que la idea de cielo, de fidelidad al amor de Dios, nos lleva a vivir coherentemente el mandamiento del amor.

Solamente quien ama puede, hacer de la ausencia presencia. Sabe con certeza que aun no viendo al ser amado éste existe, sigue presente y acompañando cada acontecimiento. Y es que el amor se hace fuerza y esperanza cuando se tiene la certeza que ese amor es limpio y no busca otro interés que el de la felicidad.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd