Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: MAYO 15 DE 2014.

A nosotros nos corresponde seguir predicando el Evangelio.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que nos recrea en constante bondad.

El próximo domingo nos encontraremos de nuevo con el Evangelio de Juan (14, 1-12) y comenzamos ya con las despedidas de Jesús. Despedidas que en lugar de desalentarnos y llenarnos de tristeza, nos invitan a la esperanza.

Hay que seguir adelante; hay que continuar con el proyecto del Reino, hay que seguir entregando la vida si es necesario por la salvación del mundo y además nos alienta la esperanza de la eternidad.

En Jesús tenemos un destino cierto, ese lugar a donde él ha regresado y en el que todo está preparado para cuando nos llegue el momento también de regresar al Padre. Hay una certeza: La vida, no se termina con la muerte. Nos transformamos en el origen. Después de la muerte pasamos a ser en Dios, a existir en Dios eternamente. En Dios todos tenemos un sitio y Jesús nos lo prepara. Cuando creemos en él esto nos llena de ilusión, el saber que quien nos ama nos espera para darnos vida eterna en un lugar especialmente preparado. Nos espera la plenitud.

Jesús nos invita a vivir pero no pensando en las preocupaciones del mañana o del más allá. De eso él se ha encargado. Jesús vendrá de nuevo para llevarnos con él. Nos irá llamando por nuestro nombre y nos dirá que la mesa está preparada y el banquete servido. El Reino de los cielos es nuestro y él cumple la palabra prometida. “Que ninguno de los que el Padre le ha dado se pierda”

Mientras tanto estamos siendo invitados a vivir esta vida con paz y con fe. Dando todo lo bueno que tenemos, abiertos a la Providencia del Padre y con la certeza de un amor que jamás nos abandona.

Jesús es el camino, la verdad y la vida. Jesús va al Padre y se va haciendo camino para que nosotros también lleguemos hasta Él. Jesús va muriendo para dejarnos la vida y para que la tengamos en abundancia. Jesús nos desvela los misterios del Padre para que andemos en la verdad, para que vivamos en la verdad. Nosotros preocupémonos por seguir fielmente a Jesús. En él sabemos lo que quiere el Padre. En él conocemos al Padre. En Jesús se hizo Palabra y vida el Padre. Jesús y el Padre son uno como nosotros mismos lo podemos ser en Jesús.

A nosotros nos corresponde el mundo, continuar con la predicación del Evangelio, con la llamada a la conversión de todos los pueblos. Nos toca que el mundo conozca al Padre por nuestras palabras y acciones y que todos se conviertan a la verdad que es Jesús. Pero para esto hay que llenarse de Jesús. Para esto toca creer en Jesús para hacer todas las obras que él realizó. Debemos enseñar y mostrar al mundo que el mejor camino para creer en Dios es Jesús, el camino de amor.

Fraternalmente:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd