Viernes, diciembre 02, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JUNIO 18 DE 2015.

Tengamos miedo pero a los miedos que excluyen cualquier proyecto de amor.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Bendiciones para todos y un fin de semana cargado de amor; que la fe nos llene de fortaleza para seguir con ánimo los caminos del Señor que siempre son de esperanza.

Los miedos y las reacciones que tenemos cuando éstos se apoderan de nosotros; la angustia que nos da el sentirnos solos y pensar que no seremos capaces de vencer. El miedo y la falta de fe que nos lleva casi a concluir la ausencia de Dios o su indiferencia frente a nosotros. Son temas que encontraremos el próximo domingo en el Evangelio de Marcos (4, 35-41) y que nos llevan a concluir que en el cristiano los miedos y la falta de fe son sinónimas.

Cuando comienza el miedo termina la fe. Esto equivale a decir: cristianos con miedo, cristianos sin fe. Cristianos con miedo llenan de tanta oscuridad la esperanza que la anulan. A los cristianos sin fe la barca, la vida, ante las adversidades, parece que se les hunde, que se acaba o dejan que se acabe.

El miedo hace que nos encerremos, que nos tranquemos en la profundidad del silencio; que las cosas buenas dejen de ser importantes y que solo tengamos lecturas negativas y trágicas tanto para el pasado como para el presente. El miedo no tiene futuro propio porque tiene la característica de que se le vende a los que te ofrecen seguridades o lo matas para no volverlo causa del sufrimiento y todo por no tomar la decisión de confiar en ti y en Dios que está contigo.

He sido testigo de cómo el miedo genera cristianos de miedo, llenos de obsesiones que solo les han llevado a normativizar la vida y la religión por miedo a caer. He visto personas que se enriquecen por los miedos de los demás y a muchos profesionales volverse en la única referencia de los miedos de sus pacientes.

Mucha gente deja de creer en Dios y de poner en Él la esperanza para poner la vida en personas que acaban defraudando o tal vez burlando la esperanza. Y hablo de Pastores, sacerdotes y líderes religiosos que se ponen en el lugar de Dios.

Cuando los discípulos tuvieron miedo Jesús les invitó a no dudar, a tener fe. Porque lo de fuera se controla desde dentro y con un corazón manso y unas manos abiertas al infinito; con un corazón enamorado y una mente en la esperanza, todo puede ser dominado, controlado, iluminado. La verdad yace en lo más profundo del ser humano y el creyente es capaz de llegar hasta ese lugar íntimo del que nos viene la fuerza, la fortaleza, el dominio de sí. La invitación de Jesús es a calmarse, a tomar las riendas del barco, de la vida y continuar la marcha llenos de esperanza.

La fe es luz, el miedo enceguece. Pero hay miedos que ayudan a crecer, a tomar decisiones a confiar y otros miedos que anulan cualquier capacidad de razonar y que solo se hacen entender por los gritos expresión de  la falta de fe en sí mismos y en Dios. Esos miedos que paralizan y solo tratan de justificar actuaciones encontrando responsables, culpables de lo que pensamos o hacemos.

Tengamos miedo pero a los miedos que excluyen cualquier proyecto de amor y de cercanía de Dios porque esos miedos que no abren ventana a la esperanza nos llevan a la muerte de la fe. Y por miedo comienzas a vender tu paz y tu libertad y permites que lo negociadores de la fe que ya no tienes se enriquezcan gracias a tus miedos, a tu falta de fe.

Y como nos lo dice el evangelista Marcos a Jesús le importamos y nos lo ha demostrado en sus actuaciones. Nos ha sido cercanos, ha salido a nuestro encuentro. Ha sanado, perdonado. Ha predicado la buena noticia y nos ha exhortado a una vida nueva nacida del Espíritu.

No perdamos la calma.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd