Sábado, diciembre 10, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JUNIO 19 DE 2014

Comulgar es hacerse uno en Cristo y con Cristo

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en cada Eucaristía se nos hace alimento y compañero de camino. Se hace vida en nuestra vida y vínculo de unidad para formar un nuevo pueblo que vive y realiza el reino de Dios.

El pan, que ha alimentado al pueblo en su caminar por el desierto, el pan que es el sustento y alimento de muchas personas, el pan junto al cual se comparte la vida de familia, las cenas de los amigos, los encuentros más íntimos. El pan, el alimento universal de los ricos y de los pobres y que ofrecemos al Señor cada día; el pan que le pedimos, cada día en la oración del Padre Nuestro. El Pan que es harina, Palabra, vida y alimento, sirve a Jesús para identificarse: Él es el Pan del cielo. Jesús, en el amor que nos tiene, transforma el Pan en vida, en su carne, en presencia.

Jesús es Pan que se hace carne para dar vida.

El Pan, alimento, Palabra eterna que nutre. El Pan es carne del que ha venido del cielo haciéndose carne en cada uno de los que comulgamos. Dios se encarna en nuestra carne y somos alimento y pan y vida para los que se nos acercan. Es de nuevo, en la Eucaristía, que la realidad de Dios, la divinidad, se hace humanidad, se encarna, en todos, en cada uno.

Estamos llamados por y en la Eucaristía a ser pan vivo bajado del cielo. Estamos para saciar a los demás, para hacernos trigo y pan y comida para tantos que pasan hambre, que tienen necesidad, que atraviesan el desierto. Panes en el Pan, vida en el que es la Vida, cielo en el que ha bajado del Cielo. Verdaderos en el que es verdadera Carne y verdadera Bebida.

En la Eucaristía estamos llamados a ser eucaristía. Invitados a transformarnos en alimento. A ser triturados en la fuerza del amor para que otros tengan vida en abundancia.
Saberse bajado del cielo, saberse comida y ofrenda para los demás. Ese es el misterio que estamos celebrando en esta solemnidad el cuerpo y de la sangre del Señor.

Es Dios haciéndose alimento, circulando por nuestra sangre, llenando todos los espacios de nuestro ser y de nuestro cuerpo. Es una invasión divina que a través de nuestras relaciones y comportamientos llena el mundo de su presencia a través de la nuestra, de la vida que regalamos a los demás. Dones del cielo, pedazos de cielo. Pan para saciar, panes que alimentan a la multitud. Jesús siendo en nosotros carne para la salvación y sangre para la redención. Somos el más grande y sublime misterio eucarístico llamado, invitado a darse, a transformarse en ofrenda santa y agradable al Padre para la salvación del mundo

Cuando comulgamos nos hacemos uno con Dios, mejor: Él nos hace uno. Perfuma nuestro ser con su fragancia, remueve el que ser imagen y semejanzas suyas. Se hace presente, actual, toma rostro. Saber que cuando comulgamos, nos hacemos “rostro, cara” de Dios. Todos los eucarísticos llamados a ser la expresión de Dios para el mundo de hoy.
Comulgar es más que comulgar, es hacerse uno en Cristo y con Cristo. Es entrar en comunión con cada hermano sabiendo que tanto ellos como nosotros somos expresión y rostro del Dios que nos habita, que nos circula, que nos diviniza.

Invitados a ser eucaristía en cada Eucaristía y vida eterna en cada ofrenda que hacemos de la vida a los demás

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd